¿De Dónde Tienes el Agua Viva?

Actualizado: may 29

Dos son los pecados que ha cometido mi pueblo: Me han abandonado a mí, fuente de agua viva,
y han cavado sus propias cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.
(Jeremías 2:13)

En la Antigüedad las cisternas eran muy comunes y se utilizaban para guardar granos y otros alimentos, así como para recoger y almacenar el agua lluvia. Ya que en las tierras bíblicas la época de sequía se extendía cada año desde Mayo hasta Septiembre, se acostumbraba a cavar cisternas en la roca natural, y muy a menudo se aprovechaban las cavernas para este fin. Muchas de estas cisternas improvisadas requerían de un revestimiento de yeso para evitar que el agua se escapara. Con el tiempo, el revestimiento se agrietaba y el preciado líquido podía perderse.


El profeta Jeremías utiliza esta hermosa metáfora de las cisternas rotas y la fuente de agua viva para describir la insensatez del Reino de Judá, al volverse de la obediencia al verdadero Dios a la adoración pagana. Los reyes de esta etapa confiaron en alianzas políticas fallidas, pero se olvidaron de su compromiso con Jehová. Las palabras de Jeremías representaban un desafío lógico para sus oyentes: ¿Por qué cavar cisternas rotas, si se puede beber de la fuente de agua viva, que es Jehová, el Dios de Israel?


Podemos decir que en tiempos de Jeremías, el Reino de Judá vivía bajo la Ley de la Cisterna. ¿Qué significa para ti una cisterna rota?


1. Una cisterna requiere esfuerzo.

No necesitamos cavar un manantial, pero ciertamente necesitamos cavar y calafatear una cisterna.

2. Una cisterna funciona a corto plazo.

Una cisterna rota es el equivalente a una solución temporal para un problema eterno. Poco a poco, el agua que no se evapore al calor del día, se irá escurriendo entre las grietas.


3. Una cisterna puede secarse en el momento menos indicado.

Las cisternas dependen de las lluvias, pero los manantiales seguirán fluyendo en tiempo de sequía.


4. Una cisterna no puede dar agua viva.

El agua de las cisternas no es agua corriente, sino el agua estancada de los últimos aguaceros.


En el capítulo 4 del Evangelio de Juan, Jesús se encuentra con una mujer que había ido por agua al pozo. Ella no dependía de una cisterna rota, sino de un pozo llamado el Pozo de Jacob. Para poder saciar su sed y la de su familia, ella tenía que venir cada día al mismo pozo y hacer un gran esfuerzo para extraer el agua a unos 100 pies de profundidad (v. 11). Aún cuando obtener el agua no era tarea fácil, la Samaritana estaba orgullosa del Pozo de Jacob porque este representaba su identidad cultural y religiosa (v. 12): ¿Acaso eres tú superior a nuestro padre Jacob, que nos dejó este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y su ganado?


Pudiéramos decir que, a diferencia de Judá, la mujer Samaritana vivía bajo la Ley del Pozo:

1. El pozo era confiable.

Ella provenía de una tradición religiosa muy cercana a la del mismo Jesús y por lo tanto conocía al Dios de Israel.


2. El pozo era profundo.

Aunque la mujer comprendía la Ley de Dios, no tenía poder para obedecerla. La historia revela que ella estaba en una relación ilícita, probablemente en adulterio.


3. El pozo era de acceso limitado.

Los pozos en esa región son escasos y muy estrechos, por lo que las mujeres solían juntarse allí durante las horas de la tarde. Al igual que el agua, las relaciones de esta mujer con el sexo opuesto solían durar muy poco tiempo, de ahí que su reputación fuera tan mala, que prefirió ir al pozo durante las horas menos concurridas.


4. El pozo estaba lejos.

Se piensa que la distancia hasta la aldea samaritana era aproximadamente una milla. Con toda seguridad ella trabajaba duro para llevar el agua a su casa.


5. El pozo no tenía agua viva.

Agua viva es como la Biblia llama al agua corriente o que fluye. El agua viva se consideraba muy superior al agua de pozo. Cuando Jesús comprendió la condición espiritual de esta mujer, él tuvo compasión de ella y le hizo un extraño ofrecimiento (v. 13-14):


Cualquiera que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que dentro de él esa agua se convertirá en un manantial del que brotará vida eterna.


Esta es una declaración muy fuerte, pues ya hemos dicho que la única fuente de agua viva es el mismo Dios de Israel; por lo tanto, Jesús está revelando su naturaleza divina a esta mujer de dudosa reputación. Aquel que es la Fuente de Agua Viva había venido a su encuentro en el pozo! Ahora, debemos captar todo el significado de esta gran declaración del verso 14. Jesús dijo que cuando bebemos de él, él pone la fuente dentro de nosotros! Cuán radicalmente diferente es esto de todo lo anterior! Ya no necesitaremos cavar cisternas rotas, ni volver al pozo para sacarla, estará en mí y en ti. No sólo esto, sino que se describe esta fuente como una que salta, literalmente, por la abundancia con que fluye y salpica todo a su alcance.


Jesús desea ardientemente que pasemos del modo cisterna y del modo pozo, al modo fuente; es por eso que Juan nos dice que él subió a Jerusalén para la Fiesta de los Tabernáculos e hizo algo realmente insólito:


Juan 7:37-39 NVI

En el último día, el más solemne de la fiesta, Jesús se puso de pie y exclamó:

—¡Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba! De aquel que cree en mí, como dice la Escritura, brotarán ríos de agua viva.

Con esto se refería al Espíritu que habrían de recibir más tarde los que creyeran en él.


Me fascina este pasaje de la Escritura. La razón por la que me gusta tanto es que he aprendido que durante ese día en particular, tenía lugar la Ceremonia de Libación del Agua. Durante esta ceremonia, los sacerdotes tomaban agua del estanque de Siloé y la llevaban alrededor del Templo en procesión, hasta derramarla sobre el altar del sacrificio. Registros de esa época cuentan que el pueblo participaba de la celebración con tal alegría, que no había otra celebración como esa en todo el año. Los levitas tocaban toda clase de instrumentos musicales, los hombres piadosos iban danzando y cantando himnos de gozo con antorchas encendidas en las manos, el patio se llenaba de luces, las mujeres saludaban eufóricamente desde los balcones, y toda la ciudad se llenaba de peregrinos y expectadores curiosos.


El último día de la fiesta se leían pasajes clave de la Escritura como Ezequiel 47 y Zacarías 14, para rememorar la promesa de los profetas de que algún día el Señor restauraría a su pueblo, y ríos de agua viva fluirían desde el Templo, esparciendo salvación y vida por toda la Tierra. Uno de los pasajes más mencionados era Isaías 12:3, donde dice: Con gozo sacarás agua de los manantiales de la salvación. Contradictoriamente, a pesar de las luces y la alegría, toda la ceremonia no era más que una pobre representación ritual de una realidad espiritual desconocida para ellos.


Fue en ese día que la Fuente de Agua Viva se presentó entre la gente. Comprendiendo la verdadera condición del pueblo a su alrededor, Jesús se puso de pie y levantó la voz de tal forma que debió captar la atención de todos. Sus palabras hicieron eco de las del profeta Isaías (55:1): ¡Vengan a las aguas todos los que tengan sed! Sin embargo, él le da un giro radical a la profecía del río de Ezequiel, y dice que el río que da vida no será puesto en el Templo físico de Jerusalén, sino en lo más profundo del Templo espiritual que somos cada uno de nosotros, que creemos en El!


En su relato, el Apóstol Juan hace una aclaración sobre el significado del agua viva y dice: Con esto se refería al Espíritu que habrían de recibir los que creyeran en él. ¿No es esto fascinante? El agua es el Espíritu de Dios, el mismísimo Soplo del Altísimo, fluyendo desde lo más profundo de mi espíritu! Aún los profetas del Antiguo Testamento hablaron repetidamente de esto, y anunciaron que en los últimos días, su Espíritu se derramaría libre y abundantemente sobre cualquier persona, sin distinción de raza, sexo, nivel aducacional o estatus social, que quiera recibirlo.


Isaías 44:3

Pues derramaré agua para calmar tu sed y para regar tus campos resecos; derramaré mi Espíritu sobre tus descendientes, y mi bendición sobre tus hijos.


Ezequiel 36:25-27

Los rociaré con agua pura, y quedarán purificados (...) Les daré un nuevo corazón, y les infundiré un espíritu nuevo; les quitaré ese corazón de piedra que ahora tienen, y les pondré un corazón de carne. Infundiré mi Espíritu en ustedes, y haré que sigan mis preceptos y obedezcan mis leyes.


Joel 2:28-29

Después de estas cosas, derramaré mi Espíritu sobre toda carne. Sus hijos e hijas profetizarán. Sus ancianos tendrán sueños y sus jóvenes tendrán visiones. En esos días derramaré mi Espíritu aún sobre los sirvientes, hombres y mujeres por igual.


Estimado amigo, ¿Tienes tú al Espíritu de Jehová brotando desde lo más profundo de tu ser? Ezequiel 37:14 dice: Pondré en ti mi Espíritu (mi aliento de vida), y volverás a vivir!


Aplicación práctica:


Aunque tú y yo tengamos mucha religión, sin el Espíritu de Dios, estamos espiritualmente muertos. Su Espíritu es superior a la moralidad humana porque él escribe la Ley de Dios en nuestros corazones y renueva nuestras mentes para darnos el poder de obedecerle. Su presencia en tu vida te hará una persona nueva y te dará entendimiento espiritual para comprender y aplicar la Palabra de Dios.


¿Cómo recibimos el Espíritu de Dios? Es un regalo maravilloso para cualquier persona que viene a Jesús, arrepintiéndose de sus pecados. Recuerda que él gritó: ¡Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba! También le dijo a la Samaritana: Si conocieras quién habla contigo, tú me pedirías, y yo te daría agua viva. Sólo pide.


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