El Bautismo en el Espíritu

En el estudio anterior hablamos extensamente acerca del bautismo en agua, y explicamos por qué la llamada Oración del Pecador jamás debería emplearse en su lugar como vehículo para la conversión de las almas. Citamos una gran cantidad de pasajes de la Escritura que hablan del bautismo como rito de iniciación a la fe cristiana, y el único procedimiento especialmente establecido por Jesús, y practicado por todos los apóstoles después de él, para que los nuevos creyentes dieran testimonio público de su decisión de abandonar la vida pasada, para seguir a Cristo. (Si estás interesado en el tema del bautismo, por favor, visita nuestro estudio ¿Es bíblica la Oración del Pecador?, estoy convencida de que te aclarará muchas cosas.)


En el estudio de esta semana, hablaremos acerca del bautismo del Espíritu Santo. Ya sea que en tu denominación este tema sea uno de los más populares, o que por el contrario, nunca te hayas preguntado si en realidad existe tal cosa, te invito a escudriñar lo que las Escrituras realmente dicen sobre el bautismo en el Espíritu Santo. Como es costumbre de nuestra página, no partiremos de una doctrina en particular, ni adoptaremos el punto de vista de ninguna denominación específica, pues nuestro objetivo es venir a la Palabra de Dios con una mentalidad abierta y libre de prejuicios teológicos, para intentar discernir lo que en ella está escrito.



Hagamos memoria de las palabras de Juan el Bautista acerca del Mesías: Yo, en verdad, los bautizo a ustedes con agua para arrepentimiento, pero Aquel que viene detrás de mí es más poderoso que yo, a quien no soy digno de quitar las sandalias; Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego (Mateo 3:11).


Comencemos por explicar el significado de la palabra griega baptizo, de donde obtenemos el término bautismo. Baptizo se refiere al acto de sumergir a ser sumergido repetidamente. Dicho de otra manera, el bautismo nunca se refiere a un lavamiento parcial del cuerpo, y mucho menos al acto de rociar o derramar agua sobre alguien o algo; la idea detrás de baptizo es la de entrar al agua de modo que todo su cuerpo quede bajo el agua. Esta forma de lavamiento ritual es la inmersión de todo el cuerpo, y era practicada desde la antigüedad por los israelitas como método de purificación.


En mi país de origen tenemos un clima bastante cálido y húmedo. Recuerdo cuando de niños visitábamos la playa o algún río, casi siempre jugábamos a zambullirnos en el agua, de modo que nuestras cabezas quedaran totalmente cubiertas, para demostrar nuestra resistencia física. Algunos eran más hábiles y lograban virtualmente desaparecer bajo el agua por algunos minutos. Esta es exactamente la imagen que deberíamos tener en mente cuando hablamos de bautismo. Hasta el día de hoy, podemos poner ciertos alimentos a remojar en agua para que se ablanden, o inclusive prendas de vestir, eso también me recuerda el concepto de bautismo. El un sentido figurado, ser bautizado significa estar bajo el agua, ser inundado o abrumado por algo.


Cuando hablamos del bautismo en agua, está claro lo que significa sumergirse, pero si hablamos del bautismo en el Espíritu Santo ¿Cómo podemos entender este concepto? Cuando nos sumergimos en agua entramos en un medio totalmente distinto al medio en que normalmente nos desarrollamos. Dentro del agua, las propiedades físicas de nuestro cuerpo parecen modificarse, nos volvemos mucho más ligeros, nos movemos de forma distinta, y no podemos respirar el oxígeno del agua, como con el aire. Estamos bajo la influencia del agua. De la misma forma, imagina que estás sumergido en el Espíritu; tú estás inmerso en Dios, has entrado de lleno al medio espiritual, y has quedado, al menos de manera temporal, totalmente bajo su influencia.


Ahora, es importante aclarar que si una persona nunca ha sido bautizada en el Espíritu, eso no significa que no tenga ningún tipo de trato o relación con él. Comprender esto es muy importante porque la Escritura dice que es el Espíritu de Dios quien convence de pecado, de justicia y de juicio al mundo (Juan 16:8). El Espíritu de Dios contiende constantemente con el hombre pecador en su propio medio (Génesis 6:3); sin embargo, cuando usted es bautizado en él, usted es llevado a su medio sobrenatural y queda bajo su influencia.


¿Ha estado usted alguna vez bajo la influencia de las drogas o el alcohol? Usted actuará como si fuera una persona totalmente distinta, pues está controlado por esta sustancia, y ha caído bajo su influencia. Las Escrituras comparan esta experiencia con la llenura del Espíritu Santo en Efesios 5:18 para ayudarnos a comprender lo que significa estar bajo la influencia del Espíritu. Espero que usted no se escandalice al oír lo que tengo que decirle, pero le puedo dar suficiente base bíblica para respaldar esta afirmación.


¿Recuerdas como fueron catalogados los discípulos en el día de Pentecostés? Algunos entre la multitud se burlaban diciendo que estaban borrachos (Hechos 2:13) Evidentemente, ellos pudieron notar que los discípulos no actuaban de manera natural, sino que estaban bajo el poder de una influencia desconocida. Para los discípulos, sin embargo, el bautismo en el Espíritu era justo lo que necesitaban. Ellos habían orado fervientemente para encontrar el valor y la capacidad de cumplir con la Gran Comisión, pero la verdad es que estaban asustados y abrumados, les faltaba empuje y la capacidad humana para llenar las expectativas de Dios.


Como resultado del bautismo espiritual que recibieron, los primeros discípulos fueron instantáneamente capacitados y motivados para predicar el evangelio sin temor en las calles. Ellos estaban tan llenos del Espíritu de Dios que comenzaron a desbordarse, es decir, no podían parar de hablar la Palabra de Dios y proclamar a Cristo! Su proclamación no provino de la competencia humana, sino de una influencia sobrenatural y divina. Existen en el Nuevo Testamento otras referencias a eventos similares al ocurrido en Hechos 2:4, donde se nos dice que los discípulos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas. Por ejemplo, veamos Hechos 4.


Hechos 4:31

Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios.


Es muy interesante notar que algunos de los congregados en el capítulo 4, incluyendo a Pedro y a Juan, ya habían tenido esta experiencia por primera vez en el capítulo 2. Esto nos lleva a preguntarnos ¿Es el bautismo en el Espíritu Santo una experiencia única e irrepetible, o es en realidad algo que podemos recibir más de una vez en la vida? Pienso que toda la evidencia parece indicar que el bautismo en el Espíritu Santo no está limitado a una sola experiencia, de hecho, en Efesios 5:18 se nos manda a ser constantemente llenos del Espíritu.


En ninguna manera quiero decir que el cristiano debería ser alguien que constantemente procura tener algún tipo de experiencia mística para sentirse espiritualmente activado. En la actualidad, muchas personas dentro de las iglesias llamadas carismáticas viven persiguiendo a ciertos ministros y personalidades proféticas en busca de estas experiencias. Las Escrituras, en cambio, parecen acentuar la importancia de la responsabilidad individual de cada creyente en ser lleno del Espíritu al vivir en completa obediencia y comunión con Dios. Dicho de otra manera, usted puede ser bautizado hoy y vaciado en unos pocos días, si no hay un firme compromiso de su parte en hacer lo necesario para mantener viva esa llama interior. No se puede negar que existe un componente emocional en nuestra relación con el Espíritu, sin embargo, permanecer lleno a través de las circunstancias de la vida diaria implica mucho más que tener una cierta experiencia emocional o mística de vez en cuando.


Por ejemplo, demos una mirada a la vida del rey Saúl. Después de ser ungido por Samuel en Ramá, el joven Saúl recibió la predicción de un encuentro sobrenatural.


1 Samuel 10:5-7

Después llegarás a la colina de Dios, donde está la guarnición de los filisteos; y sucederá que cuando llegues a la ciudad, allá encontrarás a un grupo de profetas que descienden del lugar alto con arpa, pandero, flauta y lira delante de ellos, y estarán profetizando

Entonces el Espíritu del Señor vendrá sobre ti con gran poder, profetizarás con ellos y serás cambiado en otro hombre. 

Cuando estas señales te hayan sucedido, haz lo que la situación requiera, porque Dios está contigo.


Notemos algunos puntos realmente interesantes en este pasaje. En primer lugar, ¿Con quiénes se encontró Saúl en el camino?


En tiempos de los jueces y luego de los reyes de Israel, una compañía o escuela de profetas, era una pequeña comunidad religiosa, formada por un maestro o profeta experimentado, y sus discípulos. En esta época en que el trato cercano con el Espíritu Santo era privilegio de unos pocos, cuyo celo y entrega a la vida religiosa eran superior al del israelita promedio, la gente común rara vez podía aspirar a vivir este tipo de experiencias sobrenaturales. Los profetas o videntes bíblicos y sus alumnos, con frecuencia hacían uso de la música para crear un ambiente de adoración favorable a la inspiración profética, e incluso se les podía ver en una especie de estado extático o de trance (no relacionado con el ocultismo, claro está). Las Escrituras nos dicen que este grupo de músicos itinerantes estaba profetizando. En este contexto, profetizar no significa predecir el futuro, sino más bien hablar o cantar siendo inspirado o bajo la influencia del Espíritu Santo.


Vale la pena destacar que este tipo de profecía, acompañada de la proclamación valerosa de la Palabra de Dios, es la señal más común por la que podemos distinguir a una persona que ha recibido el bautismo y actúa bajo la influencia del Espíritu de Dios. Quizá usted quiera corregirme en este punto, citando el capítulo 2 de Hechos, donde se nos dice que los discípulos hablaron nuevas lenguas como resultado del bautismo espiritual que recibieron. Pienso que las lenguas vinieron como señal para la Iglesia Primitiva, a través de todo el libro de Hechos, y hasta el día de hoy; sin embargo la profecía es la señal por excelencia que encontramos a través de toda la Escritura en pasajes clave como el de Números 11, donde el Espíritu de Dios cae sobre los setenta ancianos, y estos comienzan a profetizar. Otra razón por la que creo en la preeminencia de la profecía como señal del bautismo, se encuentra en las palabras del profeta Joel: Derramaré Mi Espíritu sobre toda carne; Y sus hijos y sus hijas profetizarán... (Joel 2:28).


Volvamos a nuestro pasaje de 1 Samuel 10. El segundo detalle que me gustaría resaltar allí es el poder de la asociación. Demos lectura a los versos 10-11:

Cuando Saúl y su criado llegaron allá a la colina, un grupo de profetas salió a su encuentro; y el Espíritu de Dios vino sobre él con gran poder, y profetizó entre ellos. 

Cuando todos los que lo conocían de antes vieron que ahora profetizaba con los profetas, los del pueblo se decían unos a otros: «¿Qué le ha sucedido al hijo de Cis? ¿Está Saúl también entre los profetas?»


Según lo que leemos en estos versículos, es posible que Saúl se viera obligado a mezclarse momentáneamente entre la gente de este grupo profético. Aunque su asociación con ellos fue meramente accidental, la Escritura dice que Saúl cayó bajo la misma influencia que ellos tenían, es decir, del Espíritu de Dios y comenzó a profetizar extáticamente.


Ya sea que usted haya experimentado el bautismo en el Espíritu Santo hasta ahora, o no, es muy importante que pueda sacar provecho de este principio espiritual: la asociación correcta nos pone bajo la influencia correcta! Es bastante poco probable que una persona pueda recibir el bautismo del Espíritu Santo en un ambiente de incredulidad, frialdad, o apatía espiritual; por otra parte, cuando usted entra en un ambiente de fe, y se hace rodear de gente que ya ha vivido esta experiencia, usted terminará contagiándose con el mismo espíritu que ellos tienen. Si en su caso particular, no le es posible congregarse o relacionarse con otros creyentes llenos del Espíritu Santo, le sugiero que busque la mayor cantidad de información posible sobre este tema. Usted necesita mantenerse motivado y a la expectativa, mientras estudia la Palabra y permanece en oración por este asunto. Aunque no es la única vía posible, la forma más utilizada para administrar el Espíritu Santo en la Iglesia Primitiva era la imposición de manos por parte de los apóstoles (pero de esto hablaremos en otra ocasión).


Un tercer punto sobre este pasaje es el que se refiere a la transformación de Saúl. Y leímos que como resultado de este encuentro con la compañía de profetas, el joven Saúl sería cambiado en otro hombre, es decir, comenzaría a actuar de manera inusual. ¿Acaso no fue esto lo mismo que sucedió con Pedro el día de Pentecostés? La presencia y control del Espíritu Santo en nuestra vida nos capacita para actuar por encima de nuestra preparación y habilidad natural. En el caso de Pedro, un simple pescador sin letras se transformó en un poderoso predicador de multitudes; en el ejemplo del rey Saúl, un joven tímido y sin dones de mando, se convertiría sobrenaturalmente en un carismático jefe militar durante los primeros años de su reinado. A través de toda la Escritura, encontramos el ejemplo de hombres y mujeres comunes y carentes de atractivo natural, que son sobrenaturalmente capacitados por el Espíritu Santo, para llevar a cabo la obra de Dios, sin embargo, al contrario de lo que enseñan muchos seminarios teológicos, el propósito fundamental del bautismo en el Espíritu Santo no es la asignación de dones y habilidades sobrenaturales, sino la santificación del creyente.


Cuando le damos una mirada crítica a la vida del rey Saúl, quien tuvo múltiples experiencias con el Espíritu de Dios, descubrimos que su falta de disciplina y la debilidad de su carácter, terminaron arruinándolo todo. ¿Cuáles fueron las consecuencias de su falta de santidad? En 1 Samuel 16:14 se nos dice que el Espíritu del Señor se apartó de Saúl, y un espíritu malo de parte del Señor lo atormentaba.


Como vimos al principio, el Mesías es quien bautiza con Espíritu Santo y fuego. El fuego, al igual que el agua, es un medio de purificación y también de juicio; es el elemento que consume las ofrendas sobre el altar de Dios. No tiene sentido entonces pensar en obtener los dones y habilidades sobrenaturales que provienen del Espíritu Santo, si a la vez estamos descuidando este objetivo supremo. La Escritura dice que la presencia del Espíritu en nuestras vidas nos capacita para obedecer la Ley de Dios (Ezequiel 36:27): Pondré dentro de ustedes Mi espíritu y haré que anden en Mis estatutos, y que cumplan cuidadosamente Mis ordenanzas. Una vez más, el objetivo fundamental del bautismo en el Espíritu Santo no es otro que nuestra santificación.


Estimado oyente, es nuestro deseo que estos estudios le motiven a escudriñar las Escrituras y a ponerlas en práctica. Si esta es la primera vez que nos escuchas, considera la posibilidad de suscribirte a la página o al podcast de audio. Si ya eres uno de nosotros, estamos ansiosos por recibir tus comentarios y sugerencias sobre este tema. Dinos, ¿Ya has recibido el bautismo en el Espíritu? ¿Cuáles fueron las evidencias en tu caso particular? ¿Cómo ha cambiado tu vida después de esta experiencia?


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