Fuego Extraño

Levítico 10:1-2

Nadab y Abiú, hijos de Aarón, pusieron carbones encendidos en sus incensarios y encima esparcieron incienso. De esta manera, desobedecieron al Señor al quemar ante él un fuego equivocado, diferente al que él había ordenado.

Como consecuencia, un fuego ardiente salió de la presencia del Señor y los consumió por completo, y murieron ahí ante el Señor.


Es curioso que muchas personas se preguntan: Si hay un Dios, ¿Por qué no podemos verlo? Y si El realmente se interesa por la Humanidad, ¿Por qué no se presenta de una vez en nuestro mundo?


En primer lugar, ni siquiera podemos mirar directamente al Sol, que sólo es una de cientos y miles de millones de estrellas en el Universo, y que además se encuentra a una distancia aproximada de 140 millones de kilómetros de nosotros. Teniendo en cuenta que mirar directamente al sol por un breve período de tiempo podría dejarte ciego de por vida, ¿Qué te parece la idea de mirar directamente a la gloria del Dios creador y sustentador, no sólo del Sol, sino de todo el Universo?


Con respecto a la segunda pregunta, tanto la Biblia como el testimonio de la Historia, registran el evento más grandioso e inverosímil en el que pudieras pensar: la manifestación visible, palpable, y audible de la gloria de Dios en forma humana. Dicho de otra manera, ya Dios se presentó literalmente en nuestro mundo. El fue exactamente como uno de nosotros! Mira lo que dice el Apóstol Juan, quien además fue testigo ocular de este gran acontecimiento: Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros. Y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad (Juan 1:14).



Nuestra palabra Verbo es la traducción del Griego original Logos. Es interesante que Juan use esta palabra para referirse a Jesucristo, pues este ya era un término conocido en el contexto filosófico de su tiempo. ¿Qué significa logos? Quiero compartir contigo brevemente lo que dice la Enciclopedia Británica sobre logos: Significa palabra, razón, o plan. Es la razón divina implícita en el cosmos; aquello (o Aquel) que le da orden, forma y significado; el principio activo de Dios en el Universo...


Aclaremos que Juan no era griego, él era judío, pero vivía en un mundo helenizado; por lo tanto, al referirse a Jesús como el Verbo de Dios, su objetivo fue presentarlo, no sólo como la Palabra Viviente de Jehová, eterna, mediante la cual el mundo fue creado de acuerdo con las Escrituras judías, sino también como el origen, la razón y principio que rige el Universo, como sus oyentes no judíos en general debieron entenderlo.


Así que Jesús no nació realmente en el establo de Belén, él solamente tomó forma humana, como dice Filipenses 2:5-8, renunciando temporalmente a sus privilegios divinos, para jugar el papel de un esclavo obediente, hasta la muerte, y no cualquier muerte, sino una terrible y penosa muerte por crucifixión. ¿Por qué lo hizo? Como dice Juan, para que pudiéramos ver, tocar, y experimentar su gloria, no la gloria del Sol, ni la de alguna otra cosa creada, sino la gloria misma de Dios!


Hemos usado la primera parte de este estudio para hablar de este tema, porque es necesario poner en contexto lo que estamos estudiando hoy en el capítulo 10 de Levítico, en el que dos de los cuatro hijos de Aarón, Nadab y Abiú, los cuales recién habían sido ungidos como sacerdotes para servir en el Tabernáculo, cometieron un grave error que les costó la vida.


Ellos tomaron sus incensarios, les pusieron carbones encendidos, derramaron incienso sobre ellos, y ofrecieron delante de Jehová un fuego que, dice la Biblia, Dios no les había mandado a ofrecer; un fuego extraño, como dicen los estudiosos, un fuego que no estaba autorizado por la Ley. En ese mismo momento, dice el versículo 2, un fuego ardiente salió de la presencia de Dios (entiéndase del propiciatorio, que se encontraba sobre el Arca del Pacto) y ellos cayeron muertos, fulminados en el acto.


Ahora preguntémonos, ¿Qué hicieron mal, que fuera tan grave como para merecer esa muerte? Mucho se ha especulado sobre este tema, y aunque es un suceso envuelto en cierto halo de misterio, me gustaría compartir contigo mi opinión, y lo que entiendo por la Palabra que pudo haber sucedido. Hagámonos tres preguntas:


1. ¿Tuvieron ellos una actitud correcta?


La tradición judía dice que es muy probable que ellos hubieran bebido y que estuvieran ebrios en el momento de ofrecer el incienso. Ellos dicen que esa hipótesis explicaría los versos 8-9, que dicen: El Señor dijo a Aarón: Tú y tus descendientes nunca deben beber vino ni ninguna otra bebida alcohólica antes de entrar en el tabernáculo. Si lo hacen, morirán. Esta es una ley perpetua para ustedes, que se cumplirá de generación en generación.


Aunque es posible que este fuera el caso, la Escritura no dice explícitamente que ellos hubieran bebido; de hecho, no tenemos ninguna razón para dudar de su integridad personal, pues ellos fueron escogidos para subir al Monte con los 70 ancianos que vieron la manifestación de la gloria de Jehová. Además, el verso 8 parece desviar la atención del lector desde el trágico relato de la muerte de los hermanos, hacia un contexto diferente, de enseñanza.


2. ¿De dónde tomaron los carbones encendidos para los incensarios?


Recordemos que la gloria de Dios se manifestó en el Tabernáculo y prendió un fuego santo sobre el altar de bronce. Este fuego debía arder permanentemente, día y noche, alimentado por las constantes ofrendas y los diferentes sacrificios del pueblo. Las Escrituras no especifican si Nadab y Abiú tomaron carbones del altar, o de alguna otra parte. De ser este último el caso, resulta más fácil entender por qué se le llamó fuego extraño, al fuego que ofrecieron los dos hermanos delante de Jehová.


Otra posibilidad aquí es que los hijos de Aarón ofrecieran incienso extraño (Éxodo 31:9 y 37), ya que la Ley de Moisés establecía pautas para la preparación del incienso aromático.


3. ¿En qué lugar específico del Tabernáculo ofrecieron el incienso?


El pasaje nos dice que ellos lo hicieron delante del Señor. Esta frase se repite bastante en Levítico y no denota una parte específica del santuario, sin embargo debemos recordar que el altar del incienso se encontraba dentro del Lugar Santo, y justo delante del velo que separaba al Lugar Santo del Lugar Santísimo, donde descansaba el Arca. ¿Por qué se encontraba ahí este altar?


a. Para que el Sumo Sacerdote quemara incienso aromático sobre él dos veces al día, delante del velo: en la mañana, al preparar las lámparas del Lugar Santo, y al atardecer, a la hora de encender las lámparas (Éxodo 30:7-8).


b. Para que el Sumo Sacerdote preparara el incensario con el cual entraba detrás del velo, dentro del Lugar Santísimo, una vez al año en el Día de la Expiación.


Levítico 16:1-2 y 11-14


El Señor le habló a Moisés después de la muerte de los dos hijos de Aarón, quienes murieron luego de haber entrado y quemado un fuego equivocado en la presencia del Señor. 

El Señor le dijo a Moisés: Advierte a tu hermano Aarón que no entre cuando quiera en el Lugar Santísimo que está detrás de la cortina interior; si lo hace, morirá. Pues allí está la tapa del arca —el lugar de la expiación—, y yo mismo estoy presente en la nube que está sobre la tapa de la expiación.


Aarón presentará su propio becerro como ofrenda por el pecado para purificarse a sí mismo y a su familia, y así serán justos ante el Señor. Después de haber matado el becerro como ofrenda por el pecado, tomará un incensario y lo llenará con brasas ardientes del altar que está delante del Señor. Luego tomará dos puñados de incienso aromático en polvo y llevará el incensario y el incienso detrás de la cortina interior. Allí, en la presencia del Señor, pondrá el incienso sobre las brasas encendidas a fin de que una nube de incienso se eleve sobre la tapa del arca —el lugar de la expiación— que está sobre el arca del pacto. Si sigue estas instrucciones, no morirá.


Mira qué interesante como la Palabra de Dios relaciona ambos pasajes. De acuerdo con lo que leemos aquí, es muy probable que Nadab y Abiú hayan entrado detrás del segundo velo, y se hayan atrevido a ofrecer incienso en la misma presencia de Dios, la cual se manifestaba sobre la tapa del Arca en el Lugar Santísimo! En ese caso, ellos pudieron haber entrado en ignorancia, pues aún no se habían recibido las instrucciones concernientes al Día de la Expiación; por lo tanto, debieron haber entrado sin prepararse, y sobre todo, sin llevar consigo la sangre de la expiación, la cual Aarón tenía que rociar sobre el propiciatorio para salvar su vida y la del pueblo.


Existen muchas religiones y doctrinas en el mundo, pero ninguna de ellas puede llevarnos a Dios. Solamente a través del perfecto sacrificio de Cristo, tenemos acceso al Padre. Nadab y Abiú tuvieron un encuentro demasiado cercano con la santidad de Dios, para el cual no estaban preparados. Aún cuando sus intenciones fueron buenas, las consecuencias fueron nefastas. De la misma forma, si tú y yo llegáramos a la presencia de Dios en este mismo momento sin llevar con nosotros el testimonio de la sangre de Cristo, derramada en la cruz del Calvario como propiciación por nuestros pecados, al llegar allí solamente experimentaríamos el justo juicio de Dios. Es imprescindible que tengamos la sangre.


Por último, quiero que pienses en el significado de fuego extraño. Este es un fuego natural que no viene del cielo, un fuego enteramente humano. Dios quiere que su Iglesia trabaje única y exclusivamente con el fuego del Espíritu Santo, es por eso que Jesús instruyó a sus discípulos y les mandó que no salieran de Jerusalén hasta recibir la Promesa del Padre. Desgraciadamente, nunca faltan quienes se atreven a encender otras llamas para tratar de sustituir el fluir genuino del Espíritu:


1 Juan 4:1

Amados, no les crean a todos los que afirman hablar de parte del Espíritu. Pónganlos a prueba para averiguar si el espíritu que tienen realmente proviene de Dios...


1 Timoteo 4:1

Ahora bien, el Espíritu Santo nos dice claramente que en los últimos tiempos algunos se apartarán de la fe verdadera; seguirán espíritus engañosos y enseñanzas que provienen de demonios.


No debería tomarnos por sorpresa que muchos hayan introducido un espíritu de confusión y falsas doctrinas en la Iglesia de Cristo. Es importante que seamos capaces de discernir qué manifestaciones y qué movimientos son realmente del Espíritu Santo, y cuáles no lo son; todo esto sin dejar de lado la operación genuina de los dones y ministerios dados por Dios a su Cuerpo para la exaltación de Cristo. Tenga en cuenta que el fuego de Dios es el único combustible autorizado para operar en el ministerio de la Iglesia; cualquier otra llama es un fuego extraño, y acarrea la ira del Señor sobre quienes se extravían de la verdad.


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