Gloria Manifiesta

Levítico 9:5-7

Y llevaron lo que mandó Moisés delante del tabernáculo de reunión, y vino toda la congregación y se puso delante de Jehová.

Entonces Moisés dijo: Esto es lo que mandó Jehová; hacedlo, y la gloria de Jehová se os aparecerá.

Y dijo Moisés a Aarón: Acércate al altar, y haz tu expiación y tu holocausto, y haz la reconciliación por ti y por el pueblo; haz también la ofrenda del pueblo, y haz la reconciliación por ellos, como ha mandado Jehová.


Levítico 9:22-24

Después alzó Aarón sus manos hacia el pueblo y lo bendijo; y después de hacer la expiación, el holocausto y el sacrificio de paz, descendió.

Y entraron Moisés y Aarón en el tabernáculo de reunión, y salieron y bendijeron al pueblo; y la gloria de Jehová se apareció a todo el pueblo.

Y salió fuego de delante de Jehová, y consumió el holocausto con las grosuras sobre el altar; y viéndolo todo el pueblo, alabaron, y se postraron sobre sus rostros.



¿Recuerdas cuántos tipos de sacrificio eran regularmente ofrecidos en el Tabernáculo, según la Ley de Moisés? Los sacrificios de expiación para cubrir el pecado, los holocaustos u ofrendas del todo quemadas, las ofrendas de granos, los sacrificios de paz, y las ofrendas por la culpa. Cada uno de ellos apuntan a Jesús, quien es la ofrenda perfecta por nosotros; pero ¿Cómo comenzó todo?


El gran día de la inauguración del Tabernáculo de Reunión, los sacrificios fueron puestos sobre el altar de bronce, todos los detalles sobre las ofrendas se habían observado, todas las condiciones establecidas por la Ley se habían cumplido. Aarón y Moisés reunieron a todo el pueblo a la puerta del Santuario y esperaron. ¿Qué esperaron? El verso 6 del capítulo 9 de Levítico dice que esperaron la manifestación de la gloria de Jehová!


La palabra kabod, que se traduce como gloria u honor, y está directamente relacionada con la idea de respeto y reverencia. En las Escrituras, cuando se habla de la gloria de Jehová, se está haciendo referencia a la presencia manifiesta o manifestación visible de la presencia de Dios.


La presencia de Dios ya se manifestaba visiblemente de diferentes formas en el Antiguo Pacto, a estas manifestaciones se les llamó la gloria de Jehová. La primera referencia a la gloria de Jehová se encuentra en Exodo 16:6-7a y 10:


Entonces dijeron Moisés y Aarón a todos los hijos de Israel: En la tarde sabréis que Jehová os ha sacado de la tierra de Egipto, y a la mañana veréis la gloria de Jehová...

Y hablando Aarón a toda la congregación de los hijos de Israel, miraron hacia el desierto, y he aquí la gloria de Jehová apareció en la nube.


¿En qué forma se manifestó la gloria de Dios en estos versos? (En forma de nube.) La nube de la Shekinah representaba la presencia de Dios habitando en medio de su pueblo, Israel.


Éxodo 40:34-38

Entonces una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de Jehová llenó el tabernáculo.

Y no podía Moisés entrar en el tabernáculo de reunión, porque la nube estaba sobre él, y la gloria de Jehová lo llenaba.

Y cuando la nube se alzaba del tabernáculo, los hijos de Israel se movían en todas sus jornadas;

pero si la nube no se alzaba, no se movían hasta el día en que ella se alzaba.

Porque la nube de Jehová estaba de día sobre el tabernáculo, y el fuego estaba de noche sobre él, a vista de toda la casa de Israel, en todas sus jornadas.


La nube que llenó el Tabernáculo de Reunión, no sólo se manifestó en tiempos de Moisés, sino que reapareció años más tarde durante la dedicación del Templo de Salomón, cuando el Arca del Pacto se puso en el Lugar Santísimo:

1 Reyes 8:10-11

Y cuando los sacerdotes salieron del santuario, la nube llenó la casa de Jehová.

Y los sacerdotes no pudieron permanecer para ministrar por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová.

Además de la nube, ¿De qué otras formas se manifestó la presencia de Dios en el AT? Como leímos en los versos anteriores, la misma columna de nube que guiaba al pueblo durante el día, se veía como una columna de fuego durante la noche. Las Escrituras hablan del fuego como forma de manifestación de la gloria de Jehová; por ejemplo, los israelitas que fueron testigos de la presencia divina viniendo sobre el Monte Horeb, vieron que el monte parecía arder:


Deuteronomio 4:10-12

El día que estuviste delante de Jehová tu Dios en Horeb, cuando Jehová me dijo: Reúneme el pueblo, para que yo les haga oír mis palabras...

Y os acercasteis y os pusisteis al pie del monte; y el monte ardía en fuego hasta en medio de los cielos con tinieblas, nube y oscuridad; y habló Jehová con vosotros de en medio del fuego; oísteis la voz de sus palabras, mas a excepción de oír la voz, ninguna figura visteis.


Deuteronomio 5:23-24

Y aconteció que cuando vosotros oísteis la voz de en medio de las tinieblas, y visteis al monte que ardía en fuego, vinisteis a mí, todos los príncipes de vuestras tribus, y vuestros ancianos,

y dijisteis: He aquí Jehová nuestro Dios nos ha mostrado su gloria y su grandeza, y hemos oído su voz de en medio del fuego; hoy hemos visto que Jehová habla al hombre, y éste aún vive.


¿Has estado alguna vez en un ambiente de gloria? Es cierto que Dios está en todo lugar, pero no se manifiesta igualmente en todas partes. El salmista David dijo: ¿A dónde me iré de tu Espíritu?

¿Y a dónde huiré de tu presencia? pero también escribió: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? (Salmos 22:1) ¿Qué hace la diferencia entre un lugar donde la presencia de Dios se manifiesta, y cualquier otro lugar en la Tierra?


Ahora, todo el pueblo pudo ver el fuego, escuchar el estruendo de su voz y en cierto modo, sentir el calor de la inminente presencia de Dios, aunque a la distancia. No es de extrañarse que su reacción haya sido una de horror y desconfianza, pues la presencia de Dios es literalmente irresistible para cualquier mortal. Las Escrituras dicen que ellos no llegaron a distinguir ninguna imagen o semejanza en particular. No podemos decir lo mismo de Moisés, pues la Biblia dice que él hablaba con Dios cara a cara, como habla cualquiera a su compañero (Exodo 33:11) Una vez más en Números 12:5-8 se nos dice que Moisés podía ver la apariencia de Jehová (v. 8). Si Moisés podía ver una apariencia humana con la cual hablaba ¿Con quién estuvo en la cima de la montaña? ¿Cómo es posible que haya visto a Dios sin caer fulminado al instante?


Lo cierto es que, no sólo Moisés, sino varios de los patriarcas y profetas del Antiguo Pacto encontraron la presencia de Dios manifestada en una semejanza de hombre. Estudiando el Libro de Ezequiel en los últimos días, captaron mi atención dos referencias muy interesantes donde el profeta recibe repetidas visiones de la gloria de Dios, y claramente distingue una figura o semejanza humana en ellas:


Ezequiel 1:26

Y sobre la expansión que había sobre sus cabezas se veía la figura de un trono que parecía de piedra de zafiro; y sobre la figura del trono había una semejanza que parecía de hombre sentado sobre él.


Ezequiel 43.6-7

Y oí uno que me hablaba desde la casa; y un varón estaba junto a mí,

y me dijo: Hijo de hombre, este es el lugar de mi trono, el lugar donde posaré las plantas de mis pies, en el cual habitaré entre los hijos de Israel para siempre...


Después de escuchar estos versos, seguramente podrás deducir a quién se refieren. ¿Quién es este que se sienta sobre el trono de zafiro? ¿Quién es la más extraordinaria, incomprensible, e inesperada manifestación de la gloria divina, aún en el Antiguo Pacto? Es Jesús! Como dice la Escritura: Cristo es la imagen visible del Dios invisible (Colosenses 1:15 NTV) El es la gloria palpable de Dios, la gloria que pudimos ver y tocar, con la que pudimos convivir, tal y como lo cuentan los evangelios, la gloria que habitó entre nosotros!


Cristo es el Cordero del sacrificio, pero él también es el fuego que arde sobre el altar! Como siempre, no queda ningún espacio para la vanagloria o la jactancia humana. El lo hizo todo y él completó la obra de nuestra Redención por sí solo! Volvamos a Levítico 9: 24; el fuego que salió de la presencia de Dios y consumió el sacrificio, no era un fuego común, sino una manifestación visible de la presencia de Jehová entre su pueblo. Veamos algunos detalles acerca de este fuego:


1. El fuego fue una clara señal de aceptación. El sacrificio había sido bien recibido, y Jehová mostró su aprobación por el Santuario y el nuevo sacerdocio, al consumir totalmente las ofrendas.


El objetivo de toda adoración debería ser la manifestación de la presencia de Dios. Claro que Dios está en todo lugar, pero El se revela de manera especial a quienes lo honran. El AT está lleno de relatos de patriarcas y profetas que edificaron altares al Señor con el afán de agradarle; el objetivo de estos altares era que el Señor aceptara la ofrenda y percibiera un olor grato en su presencia. En al menos tres ocasiones, la respuesta inmediata fue fuego del cielo. Si tu adoración no es una búsqueda de su presencia, simplemente no estás adorando.


2. El fuego que Dios puso en el altar se convirtió en una prueba de fidelidad para los sacerdotes.


Si te interesa saber más sobre este tema, te sugiero que escuches nuestro estudio titulado Guardianes del Fuego. Las Escrituras nos dicen que los sacerdotes eran responsables de mantener el fuego ardiendo sobre el altar, aún durante las largas horas de la noche. Está claro que este fuego no era tan inofensivo como el de la zarza ardiente, el cual no la consumía; tampoco era tan poderoso como el que evaporó el agua del altar en tiempos del profeta Elías, podía apagarse. Pienso que Dios lo hizo a propósito para enseñarle al pueblo de Israel el valor de la fidelidad. En este sentido, aunque la presencia de Dios es algo que no podemos producir o merecer por méritos propios, es importante que entendamos una gran verdad: El nos a dado la responsabilidad de cultivarla. Buscar y cultivar la presencia de Dios en nuestras vidas es nuestra responsabilidad.


Una última observación sobre este pasaje es que cuando la gloria de Dios se manifestó en el Tabernáculo, hubo testigos. El pasaje afirma que la gente del pueblo vio lo que pasaba, comenzó a alabar (algunas traducciones dicen que ellos sintieron temor) y terminaron postrándose. De cualquier manera, ellos reconocieron que Dios estaba allí.


¿Por qué deberíamos procurar la manifestación de su gloria? Cuando la gloria de Dios se manifiesta en un lugar, su presencia se hace evidente de diferentes maneras; puede que recibamos respuesta a nuestras oraciones, sanidades, milagros, rompimientos, mayor revelación de su Palabra o de su Persona, abundancia de gozo y paz, alivio emocional, profecía, o cualquier otra señal. Al buscar su presencia, deberíamos llenarnos de expectativa porque cuando somos expuestos a la gloria manifiesta de Dios, entramos en un ambiente en el que todo es posible.


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