Lámpara en la Repisa

Actualizado: may 23

El verso de la imagen me recuerda la parábola de los talentos. Un hombre se va de viaje y deja sus bienes en manos de sus tres siervos. Cada uno recibe una cantidad de dinero diferente de acuerdo con su capacidad: el primero recibe cinco talentos, el segundo dos, y el tercero sólo uno. Así que mientras su señor estaba lejos, los primeros dos siervos pusieron a trabajar el dinero recibido y lograron duplicarlo; el tercer siervo, sin embargo, decidió que lo más seguro para él era esconder el dinero de su señor, enterrándolo en alguna parte.


Al pasar un largo tiempo el dueño regresó y llamó a los tres siervos a su presencia. El primer siervo vino trayendo diez talentos en lugar de cinco, por lo que recibió unas cuantas palmadas de aprobación y el ascenso a un puesto de mayor responsabilidad y rango. Lo mismo sucedió con el segundo siervo, quien llegó trayendo orgullosamente cuatro talentos en lugar de dos. Entonces llegó el tercer siervo con su único talento en mano. El patrón lo miró con rabia, le quitó el dinero, y lo echó a la calle.



Debo aceptar que esta historia me parecía un tanto injusta; después de  todo el tercer siervo era el menos capaz, y el que menos dinero recibió desde el principio. Puede que su señor lo conociera muy bien y ya estuviera esperando una actitud así. Sin embargo, encuentro por lo menos cinco razones por las que este final se justifica:


1. El patrón de la historia estaba pidiendo cuentas de su dinero.

2. El tercer siervo recibió la misma oportunidad que los demás para demostrar su habilidad en los negocios.

3. La cantidad recibida estaba acorde con su capacidad de administración y las expectativas de su señor también lo estaban (v. 27)

4. El hombre fue brutalmente ofensivo y mostró una actitud equivocada (v. 24)

5. Su principal motivación para esconder el dinero fue el miedo y no el amor o la fidelidad (v. 25)


Volvamos ahora al versículo de la imagen. Jesús les dijo a sus discípulos: “Ustedes son la luz del mundo”(v. 14) “Ustedes son la lámpara de aceite oriental que alumbra la oscura noche de una familia judía del primer siglo” (parafraseando un poco aquí) “pero una lámpara no se enciende para ponerla debajo de un cajón; una lámpara solo se enciende para ponerla en un candelero. Una lámpara no cumple objetivo en sí misma solo por el hecho de serlo, una lámpara solo tiene sentido si se pone encima de una repisa para que alumbre toda la casa” (v. 15).


Tienes razón, querido amigo, no voy a aplicarte esta parábola paso a paso como a un pequeño niño de la escuela bíblica. A estas alturas ya lo estarás haciendo tú mismo, repasando cada uno de los cinco puntos que te di arriba, y preguntándote qué te dicen a ti.


1. Qué me ha confiado Dios a mí? (Para empezar 24 horas cada día, 365 días cada año, un alma, un espíritu, un cuerpo, una familia, un puñado de habilidades y buenas ideas, una profesión, un empleo, un salario cada dos semanas; todo es de él.)

2. Qué estoy haciendo con las oportunidades que vienen a mi vida (o las que están debajo de cualquier piedra esperando a que yo las encuentre?)

3. Estoy consciente que Dios espera de mí que sea una buena administradora de todo lo que tengo conforme a mi capacidad? (Ojo aquí)

4. Cuál es mi actitud hacia Dios y en relación con todo lo que me ha dado?

5. Cuál es mi motivación para hacer lo que estoy haciendo con lo que Dios me ha dado?


Solo te quiero decir esto: Desentierra tu talento! Un talento enterrado no cumple más objetivo que una lámpara debajo de un cajón. Piensa en estas cosas y haz como yo estoy tratando de hacer. Pon tu lámpara en la repisa!


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