Lidiando con el Espíritu del Rechazo #3: La Maldición del Rechazo

En nuestro último estudio hablamos de cuáles son las puertas espirituales más comunes para un espíritu de rechazo. Dijimos que ciertas circunstancias, eventos, y vivencias personales, pueden hacer que nos volvamos más vulnerables a este problema, especialmente si estas tienen lugar antes, durante, o inmediatamente después del nacimiento, y en los primeros años de vida. Tomamos como guía la historia bíblica de Jacob, en su transición del suplantador al guerrero victorioso, y concluimos hablando sobre la importancia de identificar estas posibles puertas de entrada como primer paso para la sanidad personal. En el estudio de hoy vamos a tocar fondo hasta poner al descubierto la raíz de toda maldición de rechazo.


Comencemos definiendo la palabra maldición en un contexto bíblico. Una maldición es la recompensa o consecuencia de toda iniquidad (Tomado y adaptado del libro Identificando y Rompiendo Maldiciones, de John Eckhardt). Aunque las maldiciones no son el objeto de estudio esta semana, veamos algunos versículos clave sobre este tema:


Proverbios 26:2

Como el gorrión en su vagar, y como la golondrina en su vuelo, así la maldición nunca vendrá sin causa.

Este es sin duda, uno de los pasajes más usados para hablar de maldiciones. En otras palabras, una maldición nunca es producto del azar; dondequiera que hay una maldición, siempre se puede llegar a encontrar una causa.


Deuteronomio 5:9 (NVI)

...Yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso. Cuando los padres son malvados y me odian, yo castigo a sus hijos hasta la tercera y cuarta generación.

He elegido la NVI en este pasaje, para evitar términos difíciles de entender y a fin de que se comprenda el verdadero alcance de una maldición según las Escrituras. Claramente dice que las consecuencias alcanzan a los hijos, los nietos y hasta los bisnietos! Ahora, usted puede imaginar qué sucede cuando los bisnietos, no sólo sufren las consecuencias de la maldad de sus bisabuelos, sino que también participan del mismo pecado: el ciclo de maldición se vuelve interminable, y llega a perpetuarse hasta que alguien en la familia finalmente logra romper con esa herencia de pecado.


Si vamos específicamente al tema del rechazo, Oseas 4:6 nos da una pista sobre la raíz de esta maldición:

Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento.

Por cuanto tú has rechazado el conocimiento, yo también te rechazaré para que no seas mi sacerdote; como has olvidado la ley de tu Dios, yo también me olvidaré de tus hijos.

El profeta Oseas advirtió al Reino de Israel sobre las consecuencias de sus malas decisiones. Como escribe el autor del libro Destruyendo el Espíritu del Rechazo, cuando una nación, o una persona, decide rechazar deliberadamente el conocimiento del Dios verdadero, termina cayendo bajo la maldición del rechazo, puede ser rechazada por Él y entrar en una fase altamente destructiva.


Por lo general no hablamos sobre esto desde el púlpito de la iglesia local. Le decimos a la gente que Dios no rechaza a nadie, especialmente a nadie que venga a Él en una actitud de genuino arrepentimiento (y así es); pero la verdad es que olvidamos mencionar que, para aquellos que le conocen y han entrado en una relación de pacto con Él, Dios ha establecido un estándar de fe y conducta, llamado santidad. Usted no puede esperar que Él simplemente apruebe su estilo de vida pecaminoso, carnal, mientras continúa disfrutando de un trato privilegiado.


¿No era Israel el pueblo escogido, amado y protegido de Jehová, cuando el profeta pronunció esta terrible sentencia de abandono contra él? Ciertamente lo era, y continúa siéndolo, pero Dios lo rechazó temporalmente debido a su actitud pecaminosa, obstinada e incrédula. De la misma forma, nosotros podemos caer de nuestra posición de bendición, protección y privilegio, y ser entregados a una mente reprobada, inservible, o moralmente corrompida, a consecuencia de una actitud persistente de rechazo abierto y deliberado hacia Él. Veamos lo que dice Lamentaciones 3:64-65: Dales el pago, oh Jehová, según la obra de sus manos. Entrégalos al endurecimiento de corazón; tu maldición caiga sobre ellos.


Uno de los ejemplos más claros a través de toda la Escritura es el que encontramos en la vida de Saúl, quien fuera el primer hombre escogido y ungido por Jehová para asumir el reinado de Israel. El primer libro de Samuel, capítulo 9, introduce a Saúl como un joven excepcional, de buena familia, y con un gran potencial militar. La Escritura cuenta que Saúl fue lleno del Espíritu Santo varias veces, a la manera de los antiguos caudillos de Israel, para hacer grandes proezas y obtener despampanantes victorias; sin embargo, llegó un tiempo en la vida de este rey cuando él cayó bajo la maldición del rechazo, y entró en un lento y doloroso proceso de declive y destrucción.


Por qué rechazó Jehová al hombre que antes había ungido para ser el primer rey de Israel? El carácter de Saúl debió corromperse después de tantos botines y victorias militares. Lo cierto es que comenzó a mostrar cierta debilidad por las riquezas y la aprobación, que lo llevó desobedecer las instrucciones que había recibido de parte del Señor. Dicho de otra manera, Saúl encontró la manera de flexibilizarse, y mostrar una especie de obediencia parcial, mientras que en su interior había puesto su propio consejo por encima del consejo de Jehová.


Todos conocemos personas así; aquellos que dicen: Yo creo en Dios a mi manera. Sé que no estoy haciendo bien las cosas, pero él me comprende y siempre está conmigo. Quizá para alguien que no conoce la verdad, es posible que haya algo de verdad en esa frase; pero en sentido general, no es más que decepción y un falso sentido de seguridad. Dios no anda detrás de usted como un perrito faldero para consentirlo y lamerlo después de cada fechoría. No el Dios de la Biblia! Es usted quien debe acercarse a él en completa sumisión, arrepentimiento y obediencia, y él se acercará a usted!


Cuando Saúl decidió seguir el deseo de su corazón y desobedecer la voz de Dios, él aún quería guardar las apariencias. Hay mucha gente que sigue teniendo una apariencia de santidad, a pesar de que hace mucho tiempo abandonaron el consejo de Dios.


1 Samuel 15:24-26 (DHH)

Entonces Saúl dijo a Samuel:

—Sí, he pecado, pues pasé por alto la orden del Señor y tus instrucciones, porque tuve miedo de la gente y atendí su petición. Pero yo te ruego que perdones mi pecado y que regreses conmigo para adorar al Señor.

—No voy a regresar contigo —le respondió Samuel—, porque tú has rechazado el mandato del Señor, y ahora él te rechaza como rey de Israel.

Presta atención al juego de palabras en el verso 26. Cuando una persona rechaza el conocimiento de Dios, es a su vez rechazado y abre una puerta de entrada para el espíritu de rechazo. En el capítulo siguiente encontramos a Saúl siendo atormentado por un ser espiritual de parte de Jehová. Esto significa que Dios le quitó su favor, levantó el cerco de protección que había puesto sobre la vida de Saúl, retiró de él su Santo Espíritu, y permitió que fuera vulnerable a este demonio.


1 Samuel 16:14

Entre tanto, el Espíritu del Señor se había apartado de Saúl, y un espíritu maligno, enviado por el Señor, lo atormentaba.

La historia cuenta que, aunque Saúl recibía alivio a través de la música de David, a quien Dios ya había ungido secretamente para ocupar su lugar, el espíritu maligno siempre volvía a atormentarlo, hasta que Saúl perdió el control y se convirtió en un tipo maniático, celoso y violento. Con toda seguridad, Saúl presentía que había sido rechazado como rey, y que el favor de Jehová ya no estaba con él. Esta es la maldición del rechazo! Y tengo que decir que esta maldición llegó a perjudicar a toda su familia, porque ninguno de sus hijos subió al trono después de él, sino que todos fueron muertos en batalla.


Bien, si has llegado hasta aquí, puede que te estés preguntando qué puede hacer una persona que ha caído bajo la maldición del rechazo. La respuesta a esta pregunta es muy evidente, como dijo el Apóstol Santiago en su carta, capítulo 4, verso 8: Acérquense a Dios y él se acercará a ustedes. Quiten el pecado de su vida, pecadores. Concentren su mente en Dios, ustedes que quieren seguir a Dios y al mundo (PDT).


  1. Acércate a Dios. Jesús dijo: A los que vienen a mí, no los echaré fuera (Juan 6.37).

  2. Arrepiéntete de cualquier pecado o conducta contraria a Dios que hay en tu vida.

El Salmo 51:16-17 (NTV) dice: Tú no deseas sacrificios; de lo contrario, te ofrecería uno (...) El sacrificio que sí deseas es un espíritu quebrantado; tú no rechazarás un corazón arrepentido y quebrantado, oh Dios.


3. Rompe con el mundo, y renuncia al doble ánimo.

El doble ánimo que viene a consecuencia de un espíritu de rechazo es, en esencia, el nombre que la da la Escritura a una lealtad dividida, y es típico de las personas inconstantes. Como vimos en el estudio pasado, las personas inconstantes no consiguen absolutamente nada, así que si este es su caso, tengo el presentimiento de que esta serie de estudios pueden serle de gran ayuda.


Una última palabra:

Terminemos leyendo parte de las recomendaciones dadas por David a su hijo Salomón que se encuentran en 1Crónicas 28:9. Mientras leemos, cambiemos el nombre Salomón por nuestro propio nombre, a fin de que podamos apropiarnos de este valioso consejo:


1Crónicas 28:9

Y tú, (tu nombre aquí), hijo/a mío/a, aprende a conocer íntimamente al Dios de tus antepasados. Adóralo y sírvelo de todo corazón y con una mente dispuesta. Pues el Señor ve cada corazón y conoce todo plan y pensamiento. Si lo buscas, lo encontrarás; pero si te apartas de él, te rechazará para siempre.

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