Levítico 16: Chivo Expiatorio

Estimado amigo/a, en nuestro último estudio del libro de Levítico terminamos la sección sobre las normas higiénico-sanitarias. El capítulo 16 que nos ocupa el día de hoy, nos abre las puertas a un tema totalmente diferente, una de las celebraciones más importantes del calendario judío: El Gran Día de la Expiación.


Yom Kippur, por su nombre hebreo, es el día más solemne del calendario judío, al que algunos llaman El Gran Día, o simplemente, El Día. Se celebra el 10 del mes séptimo, que para nosotros coincide con los meses de Septiembre y Octubre. Este año, la fecha exacta para esta celebración comienza la tarde del 27 de Septiembre y termina en la tarde del día siguiente.


¿Recuerdas el significado de la palabra expiación de nuestros primeros estudios? Expiar significa cubrir. Tal como el patriarca Noé calafateó el arca con brea en Génesis 6:14, para evitar que el agua del diluvio entrara a la embarcación, y esta sucumbiera, la expiación es el medio que Dios nos ha dado para cubrir el pecado y restablecer la relación con un Dios totalmente santo y justo.


El objetivo de la expiación es la reconciliación, y su medio es el derramamiento de sangre. He hablado con muchas personas que tienen falsas expectativas con respecto a Dios y la salvación. Ellos piensan que algún día Dios colocará sus buenas y malas obras en una especie de balanza para poder determinar si son dignos de ir directamente al cielo, o necesitan pasar una temporada más o menos larga en el infierno. Lamento decirle que la justicia de Dios no funciona de esa manera, y la prueba de lo que estoy diciendo se encuentra en nuestro pasaje de Levítico 16.


¿No pudiera Dios simplemente perdonarle? El problema con esta forma de pensar es que contradice el carácter y la misma naturaleza divina. El Dios de la Biblia es primeramente Justo y Santo. Su justicia significa que él jamás pasará por alto el pecado de nadie, incluyéndonos a usted y a mí. Su santidad, por otra parte, implica que él no tolerará el pecado en su presencia, incluyéndonos también a usted y a mí. De modo que hay una demanda de su parte que no puede ser de ninguna manera evadida.


A través de la expiación, sin embargo, la justicia de Dios es satisfecha. La sangre en el altar simboliza la sustitución de una vida por otra. Su vida por la de un animal puro sin defecto, nuestras vidas por la vida del perfecto Hijo de Dios. En la expiación la gracia divina es plenamente manifiesta. De modo que, una vez efectuada la expiación, usted y yo podemos ser finalmente perdonados, absueltos de toda culpa, y admitidos en su familia. La demanda ha sido satisfecha.


Este es el principio del gran Día de la Expiación. Un día en el que todo el pecado de Israel era removido, a fin de que Su Presencia no se apartase del Santuario por otro año. Ese día el pueblo se mantenía en absoluto reposo y ayuno, a la expectativa de lo que sucedería dentro del Tabernáculo: ¿Aceptará el Señor el sacrificio de este año? ¿Logrará el Sumo Sacerdote salir vivo del Lugar Santísimo?


Levítico 16:2-3a


Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón tu hermano, que no en todo tiempo entre en el santuario detrás del velo, delante del propiciatorio que está sobre el arca, para que no muera; porque yo apareceré en la nube sobre el propiciatorio.

Con esto entrará Aarón en el santuario: con un becerro para expiación, y un carnero para holocausto.


El Día de la Expiación era literalmente el único día del año en que el Sumo Sacerdote se preparaba para entrar detrás del velo hasta el Lugar Santísimo. Una vez allí, rociaba parte de la sangre del sacrificio expiatorio sobre el propiciatorio, o tapa del Arca, siete veces. ¿Recuerdas cómo cayeron muertos los dos hijos mayores de Aarón al intentar ofrecer incienso delante de Jehová? Para no correr la misma suerte que ellos, el Sumo Sacerdote tenía que ser muy cuidadoso de obedecer al pie de la letra todas las instrucciones:

  1. Lavaba todo su cuerpo con agua y vestía las sagradas vestiduras de lino (v. 4).

  2. Comenzaba ofreciendo un becerro en expiación por sí mismo y por los de su casa (vs.6 y 11)

  3. Preparaba el incienso aromático para entrar con él en el Lugar Santísimo, donde se manifestaba la presencia de Jehová sobre el propiciatorio:

vs. 12-13

Después tomará un incensario lleno de brasas de fuego del altar de delante de Jehová, y sus puños llenos del perfume aromático molido, y lo llevará detrás del velo. Y pondrá el perfume sobre el fuego delante de Jehová, y la nube del perfume cubrirá el propiciatorio que está sobre el testimonio, para que no muera.


¿En qué consistía en sí la ceremonia de expiación? Durante la ceremonia dos cabras macho eran traídas a la puerta del Tabernáculo, una para ser ofrecida a Jehová por el pecado del pueblo, y para la purificación del santuario y el altar (con esta sangre entraba al Lugar Santísimo), y la otra para ser enviada viva al desierto. El destino de los cabros se decidía echando suertes (vs. 7-10).


Seguramente habrás escuchado el calificativo chivo expiatorio, para referirse a una persona inocente que termina cargando con la culpa de algún delito que no cometió. Este era exactamente el destino de la segunda cabra, la cabra Azazel:


vs. 20-22

Cuando hubiere acabado de expiar el santuario y el tabernáculo de reunión y el altar, hará traer el macho cabrío vivo; y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto.

Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada; y dejará ir el macho cabrío por el desierto.

Mucho se ha especulado sobre el significado exacto de la palabra Azazel. Quizá lo más sabio sea resaltar que el término viene de la raíz que significa separación, y que es posible que este fuera el nombre de cierta región desolada o desértica a la que se hace referencia en este pasaje. No fue hasta mucho después que algunos comenzaron a ver el nombre Azazel como referencia a Satanás o a algún demonio del desierto. Es importante resaltar aquí que Satanás nunca se nos presenta en las Escrituras cargándo con los pecados de nadie, y mucho menos teniendo parte en la obra de la expiación.


El objetivo de este cabro era enviar el pecado del pueblo tan lejos como fuera posible, a regiones inhabitadas. El poner manos sobre su cabeza, a la vez que se confesaban los pecados del pueblo, equivalía a la transferencia simbólica de este al animal. Se dice que en tiempos del Nuevo Testamento se acostumbraba a precipitarlo desde el borde de un acantilado a las afueras de Jerusalén, para así garantizar que nunca volvería a merodear la ciudad, trayendo el pecado de vuelta.


La segunda cabra nos recuerda lo que escribió David en el Salmo 103:12 (NTV): Llevó nuestros pecados tan lejos de nosotros, como está el oriente del occidente. Qué increíble referencia a Jesús, nuestro Señor! El es quien, de acuerdo con el profeta Isaías, cargó en él el pecado de todos nosotros (Isaías 53:6). Las Escrituras dicen que al comienzo de su ministerio, Jesús estuvo a punto de ser despeñado, tal como lo era cada año el chivo expiatorio.


Lucas 4:16-30

Al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira; y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarle.

Mas él pasó por en medio de ellos, y se fue.


Quizá la mejor referencia a Cristo como el chivo expiatorio se encuentra en la descripción que Isaías hace de él en su capítulo 53: un hombre azotado, herido y afligido, pero sin culpa. tal como reconoció el ladrón en la cruz: Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo (Lucas 23:41).


Terminada su labor en el Lugar Santísimo, el Sumo Sacerdote volvía a lavarse y cambiarse de ropa. Al verlo salir, el pueblo reunido afuera del Tabernáculo recibía la feliz noticia de que Jehová había aceptado la propiciación por sus pecados, y de que ahora estaban limpios y listos para vivir en el favor de Dios un año más. El Gran Día había llegado a buen término, y el pueblo podía celebrar con holocaustos de olor grato a Jehová.


En el Gran Día de la Expiación, Israel percibía el delicado sabor del perdón y la aceptación, como dice Levítico 16:30, Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová. Debió sentirse como una especie de reseteo espiritual, una segunda oportunidad para rectificar lo mal hecho, un nuevo comienzo, página en blanco. ¿Cómo te sentirías si Dios te diera esa nueva oportunidad a ti? ¿Si pudieras sentirte tan ligero y libre de toda culpa y peso, que pudieras comenzar a percibir la aceptación, la cercanía y el favor de Dios en tu vida?


Es posible pensar que hemos llegado demasiado lejos o nos hemos hundido demasiado profundo en el pecado, como para ser rescatados. La buena noticia es que el Gran Día de nuestra expiación tuvo lugar una vez en el pasado, pero continúa vigente y sigue surtiendo el mismo efecto en el presente. Presta atención a la descripción de este Gran Día que se encuentra en la carta a los Hebreos.


Hebreos 9:1-7, 11-12 y 24-26 (NVI)


Ahora bien, el primer pacto tenía sus normas para el culto, y un santuario terrenal. En efecto, se habilitó un tabernáculo de tal modo que en su primera parte, llamada el Lugar Santo, estaban el candelabro, la mesa y los panes consagrados. Tras la segunda cortina estaba la parte llamada el Lugar Santísimo, el cual tenía el altar de oro para el incienso y el arca del pacto, toda recubierta de oro. Dentro del arca había una urna de oro que contenía el maná, la vara de Aarón que había retoñado, y las tablas del pacto. Encima del arca estaban los querubines de la gloria, que cubrían con su sombra el lugar de la expiación (...)


Así dispuestas todas estas cosas, los sacerdotes entran continuamente en la primera parte del tabernáculo para celebrar el culto. Pero en la segunda parte entra únicamente el sumo sacerdote, y solo una vez al año, provisto siempre de sangre que ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia cometidos por el pueblo (...)


Cristo, por el contrario, al presentarse como sumo sacerdote de los bienes definitivos en el tabernáculo más excelente y perfecto, no hecho por manos humanas (es decir, que no es de esta creación), entró una sola vez y para siempre en el Lugar Santísimo. No lo hizo con sangre de machos cabríos y becerros, sino con su propia sangre, logrando así un rescate eterno (...)


En efecto, Cristo no entró en un santuario hecho por manos humanas, simple copia del verdadero santuario, sino en el cielo mismo, para presentarse ahora ante Dios en favor nuestro. Ni entró en el cielo para ofrecerse vez tras vez, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. Si así fuera, Cristo habría tenido que sufrir muchas veces desde la creación del mundo. Al contrario, ahora, al final de los tiempos, se ha presentado una sola vez y para siempre a fin de acabar con el pecado mediante el sacrificio de sí mismo.


¿De qué manera es el sacrificio de Cristo mayor y mejor que el de la primera cabra del Yom Kippur? El no entró simplemente en el Lugar Santísimo que simbolizaba la presencia de Dios, entró a la misma presencia de Dios, delante del trono celestial. No entró llevando la sangre de algún cabrito, sino su propia sangre rociada para satisfacer la demanda de justicia de Dios. Es cierto que la tradición judía continúa celebrando el Día de la Expiación hasta hoy; sin embargo, ellos ya no tienen Templo, ni Sumo Sacerdote, ni animal para el sacrificio. Está claro que el mensaje de Dios es: Consumado es! Hecho está!


Estimado amigo, no hay duda de que el sacrificio por usted ya ha sido aceptado. Le tengo buenas noticias: Usted ha sido aprobado y admitido! Su pecado ya ha sido quitado, posicionalmente, 2000 años atrás! ¿Confía usted completamente en Jesús? El ha cargado con su culpa y se ha llevado sus transgresiones adonde jámas podrán volver a molestarlo. El ha declarado favor sobre su vida; usted ha sido reconciliado con Dios, está en paz con él, y puede pasar página!


Ahora, note que el Gran Día no elimina se responsabilidad personal. El pueblo todavía tenía que humillarse, afligirse, arrepentirse e identificarse con la víctima. El sacerdote aún tenía que poner ambas manos sobre la cabeza del animal y confesar sus pecados y los de todo Israel. La diferencia es que él hacía esto sin saber si sería aceptado, arriesgando su propia vida al entrar detrás del velo, pero cuando usted se aflige, se arrepiente y se identifica con Cristo, tiene la plena garantía de que ha sido justificado en Jesús. No sólo eso, usted sabe que no volverá a encontrarse con sus pecados pasados, como dice la Escritura: Perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado (Jeremías 31:34).


¿Vive usted batallando con un fuerte sentimiento de culpa por algo que quedó en el pasado? No trate de domesticar al chivo expiatorio! El deseo y la voluntad de Dios es que pueda disfrutar de absoluta seguridad, que experimente la alegría de ser perdonado, y la dicha de estar reconciliado. Que no deje pasar la oportunidad de rectificar lo mal hecho y comenzar denuevo en el Gran Día.


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