Los Separados

Levítico 8:9-12

Puso también la tiara sobre su cabeza, y sobre la tiara, al frente, puso la lámina de oro, la diadema santa, tal como el Señor había ordenado a Moisés.

Entonces Moisés tomó el aceite de la unción y ungió el tabernáculo y todo lo que en él había, y los consagró. Con el aceite roció el altar siete veces y ungió el altar y todos sus utensilios, así como la pila y su base, para consagrarlos. Después derramó del aceite de la unción sobre la cabeza de Aarón y lo ungió, para consagrarlo.


En nuestro estudio del libro de Levítico, hemos hablado extensamente sobre las vestiduras sacerdotales y su significado bíblico y práctico para el cristiano moderno. Una de las partes más llamativas de estas vestiduras era la mitra, o turbante del Sumo Sacerdote, la cual incluía una especie de tiara o corona de oro puro con una inscripción que decía: Santidad a Jehová, o como lo ponen algunas traducciones, Santo para el Señor. Para comprender los detalles artísticos de la mitra, vayamos al libro de Éxodo:


Éxodo 28:36-38

Harás también una lámina de oro puro, y grabarás en ella, como las grabaduras de un sello: “Santidad al Señor”. La fijarás en un cordón azul, y estará sobre la tiara. Estará en la parte delantera de la tiara. Y estará sobre la frente de Aarón, y Aarón quitará la iniquidad de las cosas sagradas que los israelitas consagren en todas sus ofrendas santas. La lámina estará siempre sobre su frente, para que sean aceptas delante del Señor.



Hace unos dos años, tuve la oportunidad de visitar Israel con un grupo de hermanos. Allí aprendimos mucho sobre las costumbres y lugares bíblicos. Una de las costumbres que salió a relucir el día en que visitamos el llamado Muro de los Lamentos, donde los judíos religiosos se reúnen para rezar, se trata de un pequeño sombrerito redondo que todos los hombres debían llevar puesto, especialmente para entrar en las sinagogas. Cuando vimos que aún a los turistas del sexo masculino se les ofrecía este sombrerito, al que ellos llaman kippa, inmediatamente preguntamos cuál era su significado. Recuerdo que el guía respondió rápida y claramente que los judíos religiosos se cubrían la cabeza con kippas o sombreros para reconocer que existe una autoridad superior a ellos mismos a la cual están sujetos, es decir, la autoridad de Dios.


La historia de la kippa me recuerda el Salmo 33:12, que dice: Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová, el pueblo que él escogió como heredad para sí. Cuán importante es que sepamos reconocer la autoridad de Dios sobre nuestras vidas, aún cuando no llevemos una señal visible sobre nuestras cabezas! No sólo llevaba Aarón la mitra, sino también una inscripción sobre su frente que decía: Santo para Jehová!


Las Escrituras nos hablan de un sello que reciben aquellos que son del Señor, a fin de que sean librados del juicio divino, y vengan a heredar la salvación. Por ejemplo, el profeta Ezequiel ve en visión como el remanente de Jerusalén recibe una señal de preservación a manera de un sello sobre sus frentes.


Ezequiel 9:3-6

Entonces la gloria del Dios de Israel se elevó de entre los querubines, donde había reposado, y se movió hacia la entrada del templo. Luego el Señor llamó al hombre vestido de lino, que llevaba el estuche de escriba y le dijo: «Recorre las calles de Jerusalén y pon una marca en la frente de todos los que lloren y suspiren por los pecados detestables que se cometen en la ciudad».

Luego oí al Señor decir a los demás hombres: «Síganlo por toda la ciudad y maten a todos los que no tengan la marca en la frente (...) Sin embargo, no toquen a ninguno que tenga la marca».


Según lo que acabamos de leer ¿Quiénes recibieron el sello de Dios? Los que no tomaron parte en el estilo de vida pecaminoso de la mayoría, sino que clamaban al Señor en una actitud de humillación y arrepentimiento por sus semejantes. Ellos eran parte del pueblo de Judá, pero a la vez se habían apartado de toda maldad y consagrado a Jehová! En un estudio anterior, establecimos el significado práctico de la santidad, y dijimos que la santidad es el sello de propiedad que llevan todas aquellas personas y cosas que pertenecen al Señor. En otras palabras, santo significa separado para Dios.


No se necesita ser perfecto para ser santo, de lo contrario, las Escrituras no llamarían santos a tantas personas y cosas imperfectas. ¿Sabías que los primeros cristianos se llamaban santos unos a otros? Basta con leer algunas de las epístolas en el Nuevo Testamento para darnos cuenta de que ellos no eran considerados santos en base a sus méritos personales, sino en base a su nueva identidad como parte del pueblo de Dios! por ejemplo, Pablo escribe a la Iglesia en Corinto de la siguiente manera:


1 Corintios 1:1-2

... A ustedes que han sido llamados por Dios para ser su pueblo santo. Él los hizo santos por medio de Cristo Jesús, tal como lo hizo con todos los que en todas partes invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo...


Pablo no llama a los cristianos de Corinto y de todo el mundo conocido un pueblo que algún día llegará a ser santo, él los llama un pueblo que ya ha sido hecho santo por medio de Cristo Jesús. Usted y yo no llegaremos a ser santos algún día, ya somos santos! No nos apartamos del pecado para llegar a ser santos, nos apartamos del pecado porque somos santos!


La santidad es el sello de propiedad de Dios, es por eso que Aarón recibe una corona de oro que dice SANTO, aunque sabemos por las Escrituras que era un hombre imperfecto, que en determinado momento cedió a la presión de la gente y llegó a fundir un becerro de oro, con el cual Israel cometió idolatría y pecó gravemente contra Jehová. Para Aarón la santidad era un llamado, no una vocación! Dios lo llamó a ser santo, al igual que nos ha llamado a nosotros a ser de él.


La Biblia nos habla de 144,000 sellados del pueblo de Israel que tendrán un papel protagónico en el futuro del mundo:


Apocalipsis 7:2-4

Vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios viviente. Gritó a los cuatro ángeles que habían recibido poder para dañar la tierra y el mar: «¡Esperen! No hagan daño a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que hayamos puesto el sello de Dios en la frente de sus siervos».

Y oí el número de los que fueron marcados con el sello de Dios. Fueron sellados 144.000 de todas las tribus de Israel...


¿Sabías que una gran parte de las antiguas tribus de Israel fueron esparcidas por el mundo y se han estado mezclando desde tiempos inmemoriales? Me pregunto quiénes van a estar incluidos en esos 144, 000 en realidad. Quienquiera que sean, la Biblia habla de otro sello, el cual ya está en efecto, y que reciben todos aquellos que son adoptados en la familia de Dios.


Efesios 1:13-14

En Él (en Cristo) también ustedes, después de escuchar el mensaje de la verdad, el evangelio de su salvación, y habiendo creído, fueron sellados en Él (en Cristo), con el Espíritu Santo de la promesa, que nos es dado como garantía de nuestra herencia...


Efesios 4:30

Y no entristezcan al Espíritu Santo de Dios, con el cual fueron sellados para el día de la redención.


2 Corintios 1:21-22

Ahora bien, el que nos confirma con ustedes en Cristo y el que nos ungió, es Dios, quien también nos selló y nos dio el Espíritu en nuestro corazón como garantía.


2 Timoteo 2:19

No obstante, el sólido fundamento de Dios permanece firme, teniendo este sello: El Señor conoce a los que son suyos...


Según el apóstol Pablo, ¿En qué consiste este sello de garantía que reciben los creyentes? Consiste en la presencia y permanencia del Espíritu Santo en nuestros corazones. No importa cuánto nos empeñemos en decirle a las personas que si le abren la puerta a Jesús, él vendrá a sus corazones (esto es lenguaje figurado en las Escrituras), no es Jesús quien viene a nuestros corazones, sino el Espíritu de Dios quien literalmente viene a vivir en lo más profundo de nuestro ser. Mientras el Espíritu permanezca en ti, él es la garantía de tu salvación, y el sello de propiedad de Dios en tu vida.


El siguiente paso en la consagración de Aarón y sus hijos fue la unción. El acto de ungir consistía en derramar o frotar aceite perfumado sobre una persona u objeto con fines medicinales, estéticos, o ceremoniales. Desde el punto de vista espiritual, se ungía a una persona para prepararlo para el servicio a Dios, y designarlo para una posición o ministerio importante, en especial, para los oficios de rey, sacerdote, o profeta. En la tradición bíblica, la unción se convirtió en un símbolo del favor y la presencia del Espíritu.


El Señor dio a Moisés las instrucciones específicas para la preparación del aceite de la unción, el cual no podía ser aplicado o preparado para un uso común (Éxodo 30:22-33). Con este aceite santo se consagraron los muebles y utensilios del Tabernáculo, así como los sacerdotes que en él servirían. Cualquiera que se atreviera a copiar la receta del aceite sagrado, o a usarlo para ungir a la persona equivocada, sería eliminado del pueblo de Israel.


Esto me recuerda que la palabra Mesías o Cristo significa literalmente Ungido, o sea, separado para un propósito, y que sólo Jesús pudo dar cumplimiento a las profecías bíblicas acerca del esperado Ungido de Jehová; nadie más en toda la historia de la humanidad podría encajar en esta definición de rey, sacerdote, y profeta. ¿Cuál fue el propósito de Jesús durante su primera venida?


Lucas 4:18-19

«El Espíritu del Señor está sobre mí,

porque me ha ungido para llevar la Buena Noticia a los pobres.

Me ha enviado a proclamar que los cautivos serán liberados,

que los ciegos verán,

que los oprimidos serán puestos en libertad,

y que ha llegado el tiempo del favor del Señor».


La unción significa propósito. La unción del Espíritu Santo en nuestras vidas es una unción productiva. No se trata de un despliegue descontrolado de emociones, energía, capacidades, y habilidades sobrenaturales; su objetivo es la manifestación del Reino de Dios a través de nosotros.


Otro significado del aceite en la Biblia es alegría y abundancia. También el Salmo 133 habla del aceite de la unción como símbolo de la comunión entre los hermanos:


Salmo 133:1-2

¡Qué maravilloso y agradable es

cuando los hermanos conviven en armonía!

Pues la armonía es tan preciosa como el aceite de la unción

que se derramó sobre la cabeza de Aarón,

que corrió por su barba

hasta llegar al borde de su túnica.


Suficiente aceite evita la fricción y ayuda a sanar las relaciones. El Espíritu Santo es un armonizador por excelencia! En estos tiempos en que el distanciamiento social se ha convertido en la nueva normalidad, todos estamos un poco más sensibles y menos expuestos al amor fraternal. Es difícil predecir exactamente cómo afectará esta etapa nuestras relaciones interpersonales y la forma en que repercutirá en las nuevas generaciones. Oremos y trabajemos para que el Cuerpo de Cristo tenga el discernimiento, la creatividad, y el coraje suficientes para permanecer activo y operante en toda circunstancia; en particular para que funcione al nivel de unión, conexión y comunión que todos necesitamos.


El Espíritu Santo no nos ha ungido para que funcionemos aisladamente, sino para que estemos conectados y trabajemos juntos, sirviéndonos y ministrándonos unos a otros para edificación de la verdadera Iglesia. No necesitamos un templo físico para hacer eso, necesitamos ser el Templo!


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