Mejores Vestidos (Parte 2)

Actualizado: jul 3

La misericordia y la verdad se han encontrado,

La justicia y la paz se han besado.

La verdad brota de la tierra,

Y la justicia mira desde los cielos.

(Salmo 85:10-11)


Durante las últimas semanas, el mundo ha visto numerosas manifestaciones, más o menos pacíficas, de personas que dicen reclamar justicia racial. El hecho es que muchas de estas demostraciones han traído, en realidad, más violencia, crímenes y muerte. Cuán difícil es para el hombre, en su condición pecaminosa, mantener un equilibrio real entre justicia y misericordia, entre misericordia y verdad, entre justicia y paz! Es por eso que entendemos que el escritor del Salmo 85 recibió revelación divina sobre un evento futuro: la esperada manifestación del Reino de Dios en la Tierra.




En nuestro último estudio hablamos sobre las vestiduras sacerdotales mencionadas en Levítico 8, más específicamente sobre la túnica, el manto, el efod, y parte del pectoral. La razón por la que he comenzado citando el salmo 85, es para arrojar luz sobre nuestro estudio del pectoral, una pieza de lino y joyería fina, que llevaba el Sumo Sacerdote sobre el pecho. Ya dijimos que el pectoral incluía 12 piedras preciosas, una por cada tribu israelita, y servía como recordatorio de la función mediadora del sacerdote, quien entraba al Lugar Santo en representación de todo el pueblo.


Exodo 39:8-14

Bezalel hizo también el pectoral, bordado artísticamente, como el efod, con hilo de oro, lana teñida de púrpura, carmesí y escarlata, y lino fino, doble y cuadrado, de veinte centímetros por lado. 

En él se engastaron cuatro filas de piedras preciosas. En la primera fila había un rubí, un crisólito y una esmeralda; en la segunda hilera, una turquesa, un zafiro y un jade; en la tercera hilera, un jacinto, un ágata y una amatista; en la cuarta hilera, un topacio, un ónice y un jaspe.

Estaban engarzadas en engastes de filigrana de oro, y eran doce piedras, una por cada uno de los hijos de Israel, grabada a manera de sello con el nombre de cada una de las doce tribus.


Tenemos razones para creer que el pectoral era además una referencia visual a la Nueva Jerusalén, en una época futura de cielos nuevos y Tierra nueva. Veamos la descripción que hace el apóstol Juan del muro de la ciudad:


Apocalipsis 21:18-20

La muralla estaba hecha de jaspe, y la ciudad era de oro puro, semejante a cristal pulido. Los cimientos de la muralla de la ciudad estaban decorados con toda clase de piedras preciosas: el primero con jaspe, el segundo con zafiro, el tercero con ágata, el cuarto con esmeralda, el quinto con ónice, el sexto con cornalina, el séptimo con crisólito, el octavo con berilo, el noveno con topacio, el décimo con crisoprasa, el undécimo con jacinto y el duodécimo con amatista.


Una vez más, los doce cimientos de la Nueva Jerusalén representan a las doce tribus de Israel y están decorados con doce piedras diferentes.


Otra función del pectoral era la de contener el Urim y el Tumim. Veamos Éxodo 28:30,

Y pondrás en el pectoral del juicio Urim y Tumim, para que estén sobre el corazón de Aarón cuando entre delante de Jehová; y llevará siempre Aarón el juicio de los hijos de Israel sobre su corazón delante de Jehová.

No existe consenso generalizado en cuento al carácter de estos objetos. Se piensa que eran dos rocas, tal vez a modo de dados, o dos gemas que se utilizaban para consultar a Jehová en casos difíciles, y que desaparecieron luego del cautiverio babilónico. Las palabras Urim y Tumim pueden traducirse como luz o revelación, y perfección respectivamente. Debemos aclarar que las Escrituras prohíben y condenan duramente la práctica pagana de la adivinación, sin embargo, se menciona el echar suertes como una práctica válida, siempre y cuando se hiciera en presencia de Jehová, y para buscar su consentimiento en un asunto dudoso (Hechos 1:26).

El término pectoral del juicio sugiere que este se usaba para administrar justicia, pues le permitía al Sumo Sacerdote tomar decisiones y juzgar rectamente, mediante la revelación de la voluntad de Dios. En el pectoral encontramos equilibrio entre la gracia y la justicia divinas; esta es otra referencia inequívoca al futuro reinado del Mesías; el único gobierno donde la verdad y la misericordia se besan, donde hay justicia y paz duraderas.


¿Deberían los cristianos juzgar a otros, cristianos o no? Algunos dicen que no es correcto juzgar en lo absoluto. Ellos citan pasajes conocidos de la Escritura como Mateo 7:1-2 donde Jesús dice: No juzguen a los demás, y no serán juzgados. Pues serán tratados de la misma forma en que traten a los demás. El criterio (o la vara) que usen para juzgar a otros es el criterio (o vara) con el que se les juzgará a ustedes (NTV).

Desgraciadamente, quienes sostienen esta postura no continúan leyendo en los versos 3-5 donde Jesús advierte a sus discípulos acerca del peligro que supone caer en la hipocresía: ¡Hipócrita! Primero quita el tronco de tu ojo; después verás lo suficientemente bien para ocuparte de la astilla en el ojo de tu amigo (v.5) Notemos que él no dijo no trates de ayudar a tu hermano con su basura, sino más bien asegúrate de sacar tu basura primero; después de todo, nadie puede ver claramente teniendo una basura en el ojo. Así que, concluyamos que lo que no deberíamos hacer es actuar con orgullo e hipocresía!


¿En qué caso debería un cristiano juzgar? Echemos un vistazo a 1 Corintios 6:1-9 donde el apóstol Pablo reprende a los cristianos de esta ciudad por su mal manejo de ciertas disputas internas:


Cuando uno de ustedes tiene un conflicto con otro creyente, ¿cómo se atreve a presentar una demanda y a pedirle a un tribunal secular que decida sobre el asunto, en lugar de llevarlo ante otros creyentes?


¿No se dan cuenta de que algún día nosotros, los creyentes, juzgaremos al mundo? Y dado que ustedes van a juzgar al mundo, ¿no son capaces de resolver esas pequeñas cuestiones entre ustedes?


¿No se dan cuenta de que juzgaremos a los ángeles? Así que deberían ser capaces de resolver los conflictos comunes y corrientes que ocurren en esta vida (NTV).


El primer caso donde los cristianos deberíamos juzgar es cuando existen conflictos internos, pues el testimonio de la Iglesia no se ve beneficiado cuando dos cristianos ventilan públicamente sus diferencias en presencia de los incrédulos. Siempre que sea posible resolver el conflicto dentro de los límites de la congregación local, es preferible que los ancianos de la Iglesia decidan en cuanto a estos asuntos menores. Si leemos más adelante, notaremos que Pablo no descarta la posibilidad del perdón y la reconciliación, como corresponde a quienes buscan imitar a Cristo.

Otros pasajes de las epístolas paulinas abordan el ejercicio de la disciplina y la forma en que se deben resolver estos conflictos. En caso de conducta inaceptable, y particularmente cuando no había arrepentimiento de parte del ofensor, podía llegar a aplicarse la pena de la excomunión (expulsión permanente o temporal de un miembro de la congregación).


1 Corintios 5:12-13

No es mi deber juzgar a los de afuera, pero sí es responsabilidad de ustedes juzgar a los que son de la iglesia y están en pecado. Dios juzgará a los de afuera; pero como dicen las Escrituras: «Quiten al malvado de entre ustedes».


En este capítulo, el apóstol Pablo es muy claro acerca de la necesidad de juzgar internamente un caso de inmoralidad sexual dentro de la congregación de creyentes (más concretamente, alguien estaba relacionándose sexualmente con la esposa de su padre). Si no somos capaces de juzgar y aplicar la disciplina adecuada dentro de la Iglesia, el pecado se expandirá como levadura y acabará por arruinar el testimonio y la salud espiritual de toda la congregación.


Hasta aquí, hemos dicho que es correcto y necesario juzgar asuntos internos tales como pecado impenitente, conducta inadecuada, o conflictos entre hermanos. El manejo de estos casos por parte de los ancianos de la Iglesia local, debería llevarse con imparcialidad, justicia y misericordia; teniendo como objetivo fundamental el restaurar a la persona y nunca el 'hacer leña del árbol caído'.


Otro contexto en el que debemos ejercer juicio, es en lo referente a la doctrina fundamental del Evangelio de Cristo. En su carta a los cristianos de Galacia, el apóstol Pablo lanza una fuerte advertencia acerca del peligro de recibir y escuchar a cualquier persona que predique una versión torcida del evangelio. Con respecto a este tipo de personas, Pablo dice: Que sea anatema! Es decir, que caiga bajo la maldición de Dios!


Gálatas 1:8-9

Pero, aun si alguno de nosotros o un ángel del cielo les predicara un evangelio distinto del que les hemos predicado, ¡que caiga bajo maldición! Como ya lo hemos dicho, ahora lo repito: si alguien les anda predicando un evangelio distinto del que recibieron, ¡que caiga bajo maldición!


1 Juan 4:1-3

Queridos amigos, no les crean a todos los que afirman hablar de parte del Espíritu. Pónganlos a prueba para averiguar si el espíritu que tienen realmente proviene de Dios, porque hay muchos falsos profetas en el mundo.

 Esta es la manera en que sabremos si tienen o no el Espíritu de Dios: si una persona que afirma ser profeta reconoce que Jesucristo vino en un cuerpo humano, esa persona tiene el Espíritu de Dios; pero si alguien afirma ser profeta y no reconoce la verdad acerca de Jesús, aquella persona no es de Dios. Tal persona tiene el espíritu del Anticristo...


No hay duda de que los apóstoles y la Iglesia primitiva no adoptaron una postura neutral o flexible con respecto a la doctrina de Cristo! Ellos juzgaron y rechazaron enérgicamente a quienes trataron de persuadirlos en contra de la enseñanza fundamental de la encarnación, muerte y resurrección de Cristo.


Hasta aquí, hemos hablado sobre situaciones en las que cualquier cristiano, o bien la Iglesia como cuerpo, está en el deber de juzgar; pero ¿En qué casos NO deberíamos asumir una postura de juicio? Enumeremos brevemente:


1. No debemos juzgar a los de afuera, es decir, a los incrédulos.


Como ya hemos leído, en 1 Corintios dice que simplemente no tiene sentido hacerlo, pues ellos, o bien no conocen la verdad, o la conocen y no se someten voluntariamente a la ley de Cristo. Nuestro enfoque debería ser más bien el de encontrar oportunidad para presentarles el Evangelio, convirtiéndonos en testigos de Cristo a un mundo enfermo y necesitado, cuyo tiempo de gracia se está agotando. Llegado el momento, Dios mismo juzgará con justicia a cada cual, y aunque no tenemos muchos detalles al respecto, Pablo dice que a nosotros se nos otorgará la gran responsabilidad de juzgar al mundo y aún a los ángeles (Véase 1 Corintios 6).


2. No debemos juzgarnos unos a otros, a menos que estemos dispuestos a seguir el procedimiento bíblico para resolver conflictos entre hermanos.


Santiago 4:11-12

Amados hermanos, no hablen mal los unos de los otros. Si se critican y se juzgan entre ustedes, entonces critican y juzgan la ley de Dios. En cambio, les corresponde obedecer la ley, no hacer la función de jueces. 

Solo Dios, quien ha dado la ley, es el Juez. Solamente él tiene el poder para salvar o destruir. Entonces, ¿qué derecho tienes tú para juzgar a tu prójimo?


3. No debemos juzgar la manera en que otros sirven a Dios, entiéndase líderes cuya conducta es irreprochable y hermanos que presiden en diferentes ministerios, pues ellos darán cuenta directamente al Señor, a quien sirven.


1 Corintios 4:2-5

Ahora bien, alguien que recibe el cargo de administrador debe ser fiel. En cuanto a mí, ( habla Pablo) me importa muy poco cómo me califiquen ustedes o cualquier autoridad humana. Ni siquiera confío en mi propio juicio en este sentido. Tengo la conciencia limpia, pero eso no demuestra que yo tenga razón. Es el Señor mismo quien me evaluará y tomará la decisión.

Así que no juzguen a nadie antes de tiempo, es decir, antes de que el Señor vuelva. Pues él sacará a la luz nuestros secretos más oscuros y revelará nuestras intenciones más íntimas. Entonces Dios le dará a cada uno el reconocimiento que le corresponda.


4. No debemos juzgar a otros cristianos acerca de diferencias doctrinales menores o cuestiones de interpretación bíblica, fuera de las doctrinas básicas y esenciales de la fe (ya mencionadas en este estudio). Un ejemplo de estos temas menores es lo concerniente a qué alimentos se deben comer y qué días se deben guardar (Ro 14:1-13).


v.3

Los que se sienten libres para comer de todo no deben menospreciar a los que no sienten la misma libertad; y los que no comen determinados alimentos no deben juzgar a los que sí los comen, porque a esos hermanos Dios los ha aceptado.


v.5

Del mismo modo, algunos piensan que un día es más sagrado que otro, mientras que otros creen que todos los días son iguales. Cada uno debería estar plenamente convencido de que el día que elija es aceptable.


En realidad, la Iglesia primitiva tenía una doctrina mucho más sencilla y fácil de entender que la que tenemos hoy. Largos siglos de historia eclesiástica, intereses económicos, y conflictos sin resolver, nos han alejado de esta visión simple, pero efectiva, de la fe cristiana. En los últimos años, y sobre todo con el auge de las redes sociales, estamos viendo más y más canales y llamados 'ministerios cristianos', cuyo objetivo fundamental es el de criticar y desprestigiar públicamente el trabajo de otros que comparten una misma fe en Jesús. Ellos pasan por encima del sentido común y de la Palabra de Dios, que nos manda a cuidar y preservar el testimonio de la Iglesia, no como institución universal, pero sí como cuerpo único de Cristo en la Tierra.


Aunque creemos por la Palabra que la doctrinas de Cristo y de la salvación por fe, son temas fundamentales en los que no deberíamos flexibilizarnos ni ceder un palmo; también entendemos que hay decenas, quizá cientos, de otros temas no esenciales, inclusive preferencias, que no deberían ser causa de conflicto y discusiones entre nosotros, particularmente en presencia de los que no creen. Recuerda que es el testimonio de nuestro amor, y no la exactitud de nuestra doctrina, el que nos permitirá impactarles a ellos con el mensaje de Cristo (Juan 13:35). Así que, seamos capaces de discernir entre el bien y el mal, mantengámonos fieles en obediencia, y prediquemos la verdad de las Escrituras, pero sin caer en actitudes que más bien denigran a otros hermanos; después de todo, no existe la denominación perfecta.


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