¿Qué es la Conversión?

¿Qué significa convertirse? Seguramente habrás escuchado que hay una palabra en la cultura cristiana protestante que describe el momento en que una persona decide aceptar a Cristo como Señor y Salvador personal; esa palabra es conversión. Como ya hemos dicho anteriormente, alrededor del siglo XX de nuestra era, los predicadores de las grandes cruzadas evangelísticas, fueron los primeros en poner en práctica la llamada Oración del Pecador, que es la típica oración de arrepentimiento que por décadas han repetido todos los nuevos creyentes en la mayoría de las iglesias protestantes.


Desgraciadamente, quienes sobre-enfatizan el papel de la confesión pública como medio para la salvación, pasan por alto lo que dicen las Escrituras, y también el verdadero significado de la conversión. Para ilustrar brevemente este punto, permítame hacer una breve comparación con una de las religiones más practicadas y conocidas a nivel mundial: el Islam.


¿Cómo puede alguien convertirse al Islam? En caso de que nunca lo hayas escuchado antes, me gustaría citar exactamente las palabras del sitio oficial Centro Islámico, Islam en Mexico, que dice:



La conversión al Islam es algo muy sencillo, sólo se requiere una declaración de fe para convertirse en musulmán (...) Si estás seguro de querer ser musulmán, lo único que necesitas hacer es decir la Shahada, una pequeña declaración oral de fe. Las palabras básicas de la Shahada se traducen como sigue: Doy testimonio de que no hay otra divinidad salvo Dios, y Mahoma es su mensajero (...)

Se recomienda hacer la shahada en una comunidad musulmana ante otros musulmanes que serán testigos de tu cambio de fe. Una vez que haces tu Shahada es como si volvieras a nacer, esto significa que todos tus pecados y errores pasados son perdonados por Allah. Simbólicamente inicias una nueva vida centrada en mejorar tu estado espiritual y en hacer buenas obras. Este cambio se simboliza, si lo deseas, tomando un baño inmediatamente después de tu declaración de fe a modo de purificación.


Ahora que ya lo sabes, es posible que te hayas sorprendido al saber que el procedimiento para la conversión al Islam no es en realidad demasiado diferente, en términos generales, al de la llamada oración del pecador, es decir, una declaración de fe en público (literalmente, repetir una oración), una breve referencia el nuevo nacimiento, y un lavamiento o baño ritual, opcional y meramente simbólico (parecido al bautismo cristiano).


La pregunta es ¿Avalan las Escrituras este procedimiento, o será que, quizá inadvertidamente, nos hemos estado alejando del verdadero sentido bíblico de la conversión, el bautismo, y el nuevo nacimiento? En el estudio de hoy, te invito a echar una mirada al concepto bíblico de la conversión. Bienvenido!


Comencemos preguntándonos ¿Es la conversión un concepto neo-testamentario (del Nuevo Testamento) o es un tema presente en toda la Escritura, comenzando con el Antiguo Testamento?

La primera referencia bíblica a este concepto se encuentra en Génesis 3:19, donde Jehová Dios castiga al hombre por su desobediencia:


Génesis 3:19

Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.


Aunque la traducción al Español no incluye la palabra conversión en este versículo, el concepto hebreo de la conversión está presente. Tomemos otro ejemplo bíblico que encontramos en Salmos 90:3, Vuelves al hombre hasta ser quebrantado, Y dices: Convertíos, hijos de los hombres (RVR60). La traducción NTV es mucho más clara en cuanto al verdadero significado de este verso: Haces que la gente vuelva al polvo con solo decir: «¡Vuelvan al polvo, ustedes, mortales!

El mismo término que se traduce como conversión, en el idioma original es shuwb (chuvb) y significa regresar ó volver. Digamos que usted sale de su casa y va caminando en una cierta dirección, pero de pronto recuerda que ha olvidado algo importante. Usted se detiene un instante y luego da un giro de 180 grados y regresa por donde vino. Ahora usted está caminando en la dirección contraria, y eso es la conversión!


Convengamos que la conversión no se trata de una oración, sino de un cambio de dirección! En otras palabras, usted y yo caminábamos de espaldas a Dios, llevando un estilo de vida contrario a la Ley de Dios y una actitud más o menos neutral, o inclusive adversa al Creador y Sustentador del Universo; pero ahora hemos decidido regresar a él, y volver a someternos a sus eternas leyes y decretos, llevando un estilo de vida que glorifique a nuestro Señor y Salvador Jesucristo.


En este punto, quizá deberíamos preguntarnos si la conversión es en realidad un evento en el tiempo o más bien un proceso. Veamos lo que dice el autor de la carta a los Hebreos: Pero mi justo vivirá por la fe. Y, si se vuelve atrás, no será de mi agrado (Hebreos 10:38 NIV). Vayamos también a Lucas 9:62 (NTV): Jesús le dijo: —El que pone la mano en el arado y luego mira atrás no es apto para el reino de Dios. Mateo 24:12-13 (NBLA): Y debido al aumento de la iniquidad, el amor de muchos se enfriará. Pero el que persevere hasta el fin, ese será salvo. Y Apocalipsis 2:10 (LBLA): Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.


Este concepto de conversión está presente a lo largo y ancho de toda la Escritura, y especialmente en los escritos proféticos como el libro de Jeremías. El profeta Jeremías fue comisionado para llamar al pueblo de Dios al arrepentimiento y la conversión. Su misión fue la de advertirles acerca de la terrible destrucción y juicio que vendría sobre ellos, si no se producía un cambio repentino de actitud hacia Dios.


Jeremías 3:12-14a y 22a

Ve y clama estas palabras hacia el norte, y di: Vuélvete, oh rebelde Israel, dice Jehová; no haré caer mi ira sobre ti, porque misericordioso soy yo, dice Jehová, no guardaré para siempre el enojo.

Reconoce, pues, tu maldad, porque contra Jehová tu Dios has prevaricado, y fornicaste con los extraños debajo de todo árbol frondoso, y no oíste mi voz, dice Jehová.

Convertíos, hijos rebeldes, dice Jehová... Convertíos, hijos rebeldes, y sanaré vuestras rebeliones...

También el profeta Joel llamó el pueblo a la conversión con vistas a un inminente juicio económico: una terrible plaga de langostas. En sus palabras encontramos una referencia directa a la esencia del arrepentimiento, el cual es un cambio de corazón, un cambio de actitud y una disposición nueva hacia Dios.


Joel 2;12-13

Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento.

Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo.


Es interesante que ambos profetas llamaran a la conversión a los que ya eran, por nacimiento, parte del pueblo escogido de Israel. Esto demuestra que, aún dentro del pueblo de Dios, aquellos que se apartaron de Jehová, entregándose a la corrupción y la idolatría, transgredieron y cayeron de su estado de privilegio y bendición, quedando expuestos al juicio de Dios. De ahí que tanto el reino del Sur, Judá, como el reino del Norte, Israel, cayeron en manos de naciones enemigas y sufrieron largos años de exilio.


Cuando vamos a la historia del pueblo de Dios, encontramos que hubo un regreso para el Judá, el reino del Sur, pero no hubo un regreso para Israel, el reino del Norte; en su lugar, los habitantes de este reino fueron esparcidos y terminaron mezclándose entre las naciones gentiles del mundo. Comprender estos detalles de la historia bíblica es la clave para interpretar correctamente el ministerio de Jesús y sus enseñanzas, pues él mismo dijo: No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel (Mateo 15:24), y también: Tengo otras ovejas que no son de este redil; a esas también me es necesario traerlas, y oirán mi voz, y serán un rebaño con un solo pastor (Juan 10:16).


Comprender la profecía y la historia bíblica es también la clave para descifrar las enseñanzas de Pablo sobre Israel y la inserción de la Iglesia dentro del remanente elegido en Romanos 11; sin embargo, a los efectos de nuestro estudio sobre la conversión, ningún pasaje de la Escritura es más claro que la parábola del hijo pródigo en Lucas 15.


Esta conocida parábola de Cristo cuenta la historia de un Padre y sus dos hijos. Nótese cómo el Señor contrasta la actitud del hijo menor, este joven rebelde e irresponsable que se marcha de casa para despilfarrar el dinero de su herencia, con la actitud de su hermano mayor, el hermano que, pese a su actitud fría y legalista, es quien permanece en casa y se hace cargo del negocio familiar. El objetivo de la historia es poner en evidencia la necesidad que tienen ambos de volver a la mesa del Padre, uno porque se ha alejado físicamente de la casa del Padre, y el otro porque, permaneciendo físicamente junto al Padre, todavía no ha comprendido la gracia de Dios, y por lo tanto, no puede disfrutar de su herencia como hijo mayor.


Es evidente, cuando analizamos el contexto histórico y cultural en el que vino el Hijo de Dios, que esta parábola se trata, en realidad, de la condición espiritual en que se encuentran las dos casas, Israel y Judá. La primera rebelde, esparcida por las naciones, y entregada al pecado, la segunda apegada a su tradición religiosa, pero lejos de la revelación de la gracia de Dios a través del Mesías.


El apóstol Pablo, quien fuera rechazado por la mayor parte de sus compatriotas judíos esparcidos por las regiones de Asia Menor, citó las palabras del profeta Isaías para describir la situación espiritual de Judá, el hijo mayor:


Hechos 28:27-29 NBV

Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido; se le han tapado los oídos, y se le han cerrado los ojos. Si así no fuera, podrían ver con los ojos y oír con los oídos, entender con el corazón y volverse a mí para que yo los sane.

Así que quiero que sepan que esta salvación de Dios también se ha ofrecido a los gentiles, y ellos la aceptarán.


¿Por qué permite Dios que una parte de su pueblo (el hijo mayor) permanezca en esta condición de ceguera y sordera espiritual? El mismo Pablo explica porqué en su carta a los Romanos:


Romanos 11:25-26a

Mis amados hermanos, quiero que entiendan este misterio para que no se vuelvan orgullosos de ustedes mismos. Parte del pueblo de Israel tiene el corazón endurecido, pero eso solo durará hasta que se complete el número de gentiles que aceptarán a Cristo. Y entonces todo Israel será salvo.


Como acabamos de leer, el objetivo de Dios es permitir que el evangelio pudiera llegar también a los gentiles, o mejor dicho, al hijo menor, que representa a las ovejas perdidas de Israel y a todos los que hemos sido injertados en el olivo santo a través de la sangre de Cristo. Recordemos que es el hijo menor el primero que vuelve y se sienta en la mesa del Padre, mientras él celebra la gracia de Dios, su hermano mayor siente celos, coincidiendo con la enseñanza de Pablo en Romanos 11:11, ¿Será que los israelitas, al tropezar, cayeron definitivamente?(...) Al contrario, debido a su transgresión vino la salvación a los gentiles, a fin de provocarlos a celos.


¿Cómo termina la parábola del hijo pródigo? Pablo escribe a los Efesios: Y el plan de Dios consiste en lo siguiente: tanto los judíos como los gentiles que creen la Buena Noticia gozan por igual de las riquezas heredadas por los hijos de Dios. Ambos pueblos forman parte del mismo cuerpo y ambos disfrutan de la promesa de las bendiciones porque pertenecen a Cristo Jesús (3:6).


¿Es usted un hijo rebelde? Su lugar está en la mesa del Padre. Dios le está llamando a volver a casa, para que pueda disfrutar libremente de su herencia eterna. ¿Es usted parte del remanente de Israel? El Padre quiere que se goce en su gracia y misericordia. Reflexione en su posición de hijo, y en las dulces palabras del Padre: Hijo mío, tú siempre has estado conmigo, y todo lo mío es tuyo (Lucas 15:31).


Ezequiel 18:32

Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis.


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