Qué Esperanza me Queda?

Y ahora, Señor, ¿qué esperanza me queda? ¡Mi esperanza he puesto en ti!
(Salmo 39.7)

Anoche me topé con este salmo mientras pensaba en la palabra esperanza. No quiero llevarme el crédito, ya que en realidad me sentía bastante desesperada cuando el Espíritu Santo puso en mi mente la idea de buscar referencias bíblicas bajo este término.


Estoy segura de que tú también tienes esos momentos en los que quisieras ver una respuesta inmediata a esa situación estresante que te ha tocado sobrellevar por meses o años, y que hasta el día de hoy continúa en la gaveta de las oraciones con respuesta pendiente.


Una de las cosas más útiles en la vida es la esperanza. Creo que la gente llega al suicidio cuando no siente que tiene esperanza. Si alguien se encuentra en una encrucijada sin salida y comienza a pensar que no hay solución posible a su problema en el futuro, esa persona puede llegar a un punto crítico y peligroso, emocional y físicamente hablando.



Una buena parte de las enfermedades que llegamos a sufrir, así como esos síntomas sin explicación aparente, pueden relacionarse con estados emocionales de ansiedad o desesperanza que se mantienen constantes en el tiempo. Dios diseñó nuestro cuerpo para que pueda darnos señales de alerta cuando algo anda mal, incluyendo el campo de las emociones.


Por todas estas razones, ni tú ni yo necesitamos permanecer en un lugar de desesperanza, sobre todo porque sabemos que sea cual sea la circumstancia, ya Cristo obtuvo la victoria absoluta por nosotros y nosotros hemos vencido en él. De hecho, Dios nos ordena permanecer en un lugar de descanso emocional (recuerdas el significado espirirual del día de reposo hebreo?). Tal vez es momento de mover esa carpeta de 'asuntos pendientes' a la gaveta de 'completados', de modo que podamos sentir alivio y sanidad emocional.


Lo que digo es que es imposible fallar en algo que ya está hecho. Lo hecho, hecho está! Cuando Jesús exclamó: "Consumado es", y entregó el espíritu, dejando su martirizado cuerpo colgar sin vida de la forma más horrenda y dolorosa posible, él lo hizo por mí. No se trata de cuán exitosa puedo ser, o si voy a ganar en todo cuanto me proponga en la vida; no se trata de mis abilidades, mis talentos y logros personales, o de cuántas veces tropiece, me equivoque, y fracase miserablemente en todo el tiempo que me queda, se trata solamente de él! Si él venció, es imposible que yo fracase, porque su victoria me ha sido imputada, y yo estoy en él.


Quizá no soy la mejor madre del mundo, pero descanso en la seguridad de que mi hijo le pertenece a Dios y sé que Dios lidiará con él de una forma perfecta y efectiva, más allá de mi capacidad personal. Tengo necesidades y anhelos que no han sido cubiertos al presente, pero se los he dado a él y me niego a sentirme desesperada y sin esperanza. Estoy completa en Cristo en todos los sentidos de mi vida, y descanso en él.


Como el salmista, he puesto mi esperanza en Dios, y siempre vuelvo a él cuando las cosas se ponen feas. Mis momentos de oscuridad terminan pronto, y estoy llena de expectativa, porque sé que el futuro le pertenece a él.


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