¿Qué Voy a Hacer Ahora?

Actualizado: jun 19

Escucharé lo que hablará Jehová Dios; Porque hablará paz a su pueblo y a sus santos, Para que no se vuelvan a la locura.
Ciertamente cercana está su salvación a los que le temen, Para que habite la gloria en nuestra tierra.
Salmo 85:8-9

Cuando aún era una niña, escuché una historia muy peculiar, tomada de la mitología griega: el mito de la Caja de Pandora. Resulta que un día Zeus, buscando vengarse de Prometeo, tuvo la gran idea de ordenarle a Hefesto que formara la primera mujer. A esta mujer, colmada de virtudes y belleza, Zeus la llamó Pandora y se la presentó al hermano de Prometeo, para que esta lograra seducirlo. Cuenta la historia que Epimeteo se enamoró de Pandora y decidió hacerla su esposa, a lo que Zeus respondió obsequiándoles a ambos una misteriosa caja, la cual dijo, no debía ser abierta bajo ninguna circunstancia. Claro que Pandora, quien había sido dotada por los dioses de gran curiosidad, moría de ganas por saber lo que contenía la caja, por lo que un día terminó abriéndola. En ese mismo momento, del interior de la caja salieron, una por una, todas las desgracias y males que luego se esparcieron por el mundo abatiendo a los hombres mortales.


La razón por la que he recordado este cuento de Pandora y su caja de desgracias, es que en los últimos días, he tenido la sensación de que alguien ha estado destapando una especie de Caja de Pandora, para esparcir toda clase de males y desgracias sin precedente en nuestro tiempo. Es difícil conservar el gozo y la estabilidad emocional en medio del caos que aún los medios de comunicación están intentando crear. Constantemente se nos está diciendo cómo deberíamos pensar, y pareciera que alguien está muy interesado en hacer que estemos divididos, aislados, enojados, y muertos de miedo.


En tiempos angustiosos como estos, tendemos a desenfocarnos y perder de vista lo que Dios ha dicho; sin embargo, ya al comienzo de esta crisis, el Señor me había puesto frente a frente con el Salmo 85, donde el salmista parece encontrarse en una situación muy parecida. El título del salmo en la versión NBLA era Oración Pidiendo Misericordia para la Nación, y precisamente esa era mi oración en ese momento, y hasta ahora. Me pareció que ambos teníamos las mismas preguntas: ¿Cuándo terminará todo esto? ¿Cuándo volverás a mostrarnos tu misericordia? (v. 5-6). A medida que pasaban los días, algunos pronosticaban una gran mejoría, otros se mostraron optimistas sobre la respuesta a las oraciones de una Iglesia humillada y arrepentida que tomó las calles de varios países, pero el tiempo dejó ver la realidad de una crisis mucho más larga y debilitante de lo que esperábamos.


Pocas voces proféticas comenzaron a vislumbrar la llegada de nuevas calamidades, sin embargo, sus predicciones poco halagüeñas comenzaron a tener cumplimiento. Hace casi dos semanas, estamos viendo un aumento injustificado de la violencia y la anarquía en los Estados Unidos. Las escenas de saqueo y aparente odio racial reemplazaron a las noticias del Covid-19 en todos los medios de comunicación. ¿Qué nos espera adelante? Es lo que muchos se están preguntando, y mientras los protestantes se reúnen libremente, haciendo caso omiso de las medidas de distanciamiento social, la gran mayoría de iglesias continúan fuertemente distanciadas. Algunos, inclusive, ya han comenzado a desvincularse de las reuniones virtuales y no prestan más atención al panorama de guerra espiritual que estamos viviendo.


¿Será que nos sentimos decepcionados y desarmados al elevar oraciones sin respuesta? Puede que secretamente nos preguntemos ¿Dónde está Dios en todo esto? ¿A dónde se fueron los predicadores de milagros y prodigios portentosos? ¿Está la Iglesia de hoy preparada para enfrentar lo que viene? Salvo unos pocos, la gran mayoría continúa confundida y en espera de una nueva época de normalidad y paz. ¿Será eso posible? Ya antes, me he pronunciado en contra de llevar un mensaje puramente positivista, tampoco creo conveniente que pongamos nuestra confianza en las noticias; sin embargo, creo que la palabra dada por Dios a mi vida durante esos primeros días de incertidumbre, merece ser compartida.


Escucharé lo que hablará Jehová... Es tiempo de entrenar nuestros oídos espirituales. No hablo de simplemente dar oído a más mensajes y opiniones de ministros y predicadores (muchos de ellos ya no encuentran nada relevante para decir, dadas las circunstancias) sino de dar oído a Jehová mediante el testimonio interno del Espíritu de Dios y las Escrituras. En estos tiempos hay que saber discernir espiritualmente la verdad de todo lo que no lo es, la voz de Dios de todas las demás voces, y para hacer eso se necesita acallar el ruido externo y entrar en el secreto de Dios por un tiempo.


Quizá es más importante recordarte que el Espíritu de Dios está hablando ahora, ya sea que tú estés prestando atención o no. Una gran parte de los cristianos del mundo piensan que están escuchando a Dios mientras leen sus Biblias, y eso es cierto; pero todavía hay mucha gente que no sabe que el Espíritu de Dios continúa hablándonos luego de que cerramos nuestras Biblias. La verdad es que no son las Escrituras por sí mismas las que comunican el mensaje, sino el Espíritu de Dios a través de ellas.


Hace unos días estuve debatiendo con alguien que se identifica como cristiano, y le escuché decir que no había gran diferencia entre las Escrituras judío-cristianas y todas los demás libros sagrados de otras religiones. El dijo que no les encontraba lógica alguna y que leerlas no había tenido impacto alguno en su forma de pensar. Yo no podía dar crédito a lo que estaba oyendo. Había intentado leer otros libros religiosos, pero no tenían comparación alguna con la Biblia. Pensaba que cualquier persona podría leer las Escrituras y sentirse tan maravillado e inspirado como yo! Entonces comprendí que aún la grandeza y superioridad literaria de la Palabra inspirada de Dios, no pueden ser percibidas o apreciadas sin la intervención del Espíritu Santo.


Te diré algo. Si no te conviertes en una antena receptora, jamás serás capaz de captar la señal que continúa transmitiéndose en la esfera espiritual, y que sólo los buenos receptores han estado percibiendo desde el inicio. Los escritores bíblicos fueron en realidad buenos receptores y amplificadores del discurso del Espíritu! El salmista no dijo: Veré si Jehová tiene algo que decir, él dijo: Escucharé lo que Jehová está diciendo. En mi vida personal he encontrado que Dios habla de muchas maneras diferentes y creativas, y podemos leer sobre esto en las Escrituras.


Porque hablará paz a su pueblo y a sus santos, para que no se vuelvan a la locura... Sé que hay muchas razones para estar preocupados, sobre todo, si escuchamos las noticias. No es muy alentador ver como se pierde el orden y se perturba la paz, pero el mensaje de Dios no ha cambiado ni un poquito. El continúa hablando de paz y bienestar, de paz y salvación, de paz y buenas noticias. ¿Acaso está el Espíritu de Dios des-actualizado?


No hay duda de que Dios está hablándole de juicio a este mundo, es por eso que nuestras oraciones no lo han cambiado, ni lo cambiarán, pues tarde o temprano ese juicio caerá sobre el actual sistema de cosas en que vivimos. Aún así, el Espíritu sigue hablando de paz a un grupo en particular: el grupo de su pueblo y sus santos. Puede que tú y yo seamos testigos de cosas terribles y de como se derrumban las estructuras básicas de orden y civismo, pero eso no cambiará el propósito ni el sublime llamado de Dios en nosotros. Puede que no todos seamos sanados, pero eso no cambia el hecho de que tenemos el favor y la gracia de Dios obrando en y a través de nosotros ahora y más allá de esta vida. El está hablando paz a sus santos!


Ciertamente cercana está su salvación a los que le temen... Cabe la pregunta: ¿Quiénes son sus santos, y quiénes son parte de su pueblo? Tenemos a muchas personas mencionando el nombre de Dios en medio de esta época de angustia; sin embargo una gran mayoría de estas personas no están dispuestas a sacrificar su estilo de vida pecaminoso para dar paso a un verdadero arrepentimiento. Ellos no están interesados en conocer a Dios, y mucho menos en escucharlo. Gran parte de ellos quieren a Jesús como Salvador, pero no lo honran como Señor, y por esa razón ellos no forman parte de este grupo.


¿Quiénes son estos santos sino aquellos que temen a Jehová? Durante los últimos meses he escuchado confesiones de muchas personas asustadas y preocupadas porque temen al Covid-19. También yo he sido víctima de los medios y he sentido temor en algún momento. Sin embargo, una cosa positiva que vino a mi vida en los primeros días fue una gran preocupación por ponerme a cuentas con Dios, arrepentirme de cualquier pecado, y hacer ajustes para estar lista en espera del regreso de Cristo por su Iglesia. Es triste ver que no todos los que temen a la muerte, al Covid y a la violencia de estos tiempos, no sienten el mismo temor y reverencia por un Dios cuyos terribles juicios están próximos a manifestarse!


Para aquellos que temen a Dios, su salvación está cerca. Sabemos que los acontecimientos presentes sirven como precursores de acontecimientos mucho más importantes: el Arrebatamiento de la Iglesia y la Segunda Venida de Cristo. A medida que nos acercamos a estos eventos, las señales son inevitables, irrefutables, y más frecuentes; pero nosotros aún tenemos acceso al mismo Dios de gracia y salvación que se manifestó a través de su Hijo Jesucristo, y que continúa manifestándose e interviniendo en nuestras vidas. Los que temen a Dios gozarán de un favor sobrenatural en medio de cualquier circunstancia, pues su deseo es que ellos puedan servir como embajadores de su Reino, antes de que este se establezca en esta Tierra. Tú vas a tener el respaldo de Dios para continuar expandiendo y anunciando su Reino en estos tiempos.


Al final de esta reflexión quiero hablar de la gloria. Es difícil hablar de gloria en un tiempo en que aún muchas iglesias permanecen semi-cerradas. Por primera vez en mucho tiempo ya no estamos hablando de eventos multitudinarios, de conciertos ni congresos poderosos. ¿Cómo es posible hablar de gloria ahora? El salmista dice que la intervención de Jehová en la vida de los que le temen es para salvación y traerá su gloria a está Tierra. Esta palabra 'gloria' es kabowd, que significa peso. Por supuesto que este peso no implica una carga negativa, sino la plenitud, riqueza, majestuosidad y esplendor de su presencia en nosotros. Pongámoslo de esta manera: la intervención de Jehová en nuestras vidas, hará que su Presencia habite en la Tierra. Recordemos la palabra tabernáculo, la idea detrás de esta palabra también indica permanencia. Su Presencia no vendrá de manera esporádica u ocasional, más bien descansará permanentemente sobre nosotros.


La verdadera gloria se manifiesta por la presencia y permanencia del Espíritu en nuestras vidas, y por lo tanto, no puede ser extinguida por una situación de crisis como la que vivimos hoy; al contrario, mediante la continuada intervención de Dios en medio de la crisis, experimentaremos un mayor peso de gloria. Por lo tanto, deja de enfocarte en las circunstancias, conéctate con lo que Dios está hablando y enfócate en la gloria que él está queriendo manifestar en ti y a través de ti en este nuevo tiempo!


Aplicación Práctica


El apóstol Pablo escribió a los Corintios sobre el resultado de la tribulación en el pueblo de Dios:


2 Corintios 2:17

Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria...


¿De qué maneras prácticas puedo conectarme con Dios y buscar la manifestación de su gloria en y a través de mi vida en estos tiempos finales?


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